Tartitas de fresa individuales (strawberry shortcakes)

strawberry shortcakes

El shortcake es un postre muy popular en Inglaterra y Estados Unidos que se prepara (en tamaño tarta o en versión pastelitos) con capas de galleta o bizcocho, nata montada y fruta fresca, sobre todo fresas. ¿Os acordáis de aquella muñeca que teníamos todas en los 80, Tarta de fresa? Pues en inglés se llama Strawberry Shortcake. Vale, sí, es un dato que no aporta nada, pero como curiosidad está bien, ¿verdad?

Estos shortcakes chiquitines son exquisitos: la masa es muy parecida a la de los scones, las fresas son deliciosas (la mitad se ponen maceradas en azúcar y vinagre de Módena y la otra mitad cortadas y fresquitas: la combinación es espectacular) y la nata montada es uno de mis vicios favoritos. Mi madre dice que tienen “textura de alta repostería” (vale, sí, es mi madre y puede que no sea mi crítica más objetiva) y yo creo que son la forma perfecta de despedir la temporada de fresas hasta el año que viene. Están especialmente ricos aún tibios, recién sacados del horno: si queréis podéis preparar la masa un par de horas antes y guardarla en la nevera, tapada con film transparente, para prepararlos justo antes de servirlos.

Tartitas de fresa y nata (strawberry shortcakes)
(Con un molde redondo de 6 centímetros salen 12 shortcakes individuales)

325 gramos de harina
½ cucharadita de sal
1 cucharada de levadura química (tipo Royal)
5 cucharadas de azúcar
125 gramos de mantequilla muy fría, cortada en trocitos
1 huevo
125 ml de nata líquida
1 clara de huevo
300 gramos de fresas, cortadas en trocitos
3 gotitas de vinagre de Módena
Nata montada y azucarada

  1. Ponemos en un bol grande la harina, la sal, la levadura química y 3 cucharadas de azúcar. Añadimos la mantequilla y la desmenuzamos con los dedos todo lo que podamos mezclándola con la harina.
  2. Batimos juntos el huevo y la nata y los vertemos poco a poco en la mezcla de harina y mantequilla, mezclando todo con un tenedor, hasta obtener una masa bastante seca, pero manejable.
  3. Ponemos la masa sobre una superficie limpia y enharinada, hacemos una bola con ella y la estiramos con un rodillo hasta que tenga un grosor de unos 2 centímetros. Con un cortador redondo vamos recortando los pastelitos; cuando no podamos recortar más volvemos a hacer una bola con la masa, volvemos a estirarla y seguimos recortando hasta acabarla toda.
  4. Colocamos los shortcakes en una bandeja de horno engrasada o forrada con papel vegetal y los pintamos con clara de huevo. Espolvoreamos sobre ellos una cucharada de azúcar y los horneamos a 220ºC durante unos 10 minutos o hasta que estén doraditos.
  5. Mientras se hacen los pasteles, machacamos con un tenedor la mitad de las fresas con la cucharada de azúcar restante y unas gotitas de vinagre de Módena y las dejamos macerar.
  6. Hay que rellenar los shortcakes justo antes de comerlos. Para eso, los cortamos por la mitad con un cuchillo afilado, ponemos media cucharadita de fresas maceradas, media cucharadita de fresas frescas y una cucharada generosa de nata montada. Colocamos la tapa del pastelito, ¡y listo!

(Encontré la inspiración en el libro How to be a Domestic Goddess, de Nigella Lawson)

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