Bagels

82 - bagels

¿Hay algo más neoyorkino que los bagels? Bueno, vale, sí: la Estatua de la Libertad, el Empire State Building, los Knicks, la Quinta Avenida, Central Park y si me apuráis incluso los vendedores callejeros de perritos calientes. Pero los bagels están definitivamente en el top 10, y eran una receta que me rondaba por la cabeza desde hace unos meses. Al final me atreví, primero porque Nueva York fue el último sitio que visité antes de tener a mi monstruito, y me traen buenos recuerdos, y segundo porque hoy se celebra el Día Mundial del Pan y quería aportar mi granito de… harina (guiño, guiño).

Ya conocéis mi política de sinceridad: puede que ésta no sea la receta más complicada del blog pero, como decimos en mi tierra, chégalle ben. No es por la masa, que no es nada pegajosa y requiere poco amasado… es por la parafernalia en general. Preparar la masa, dejarla reposar, darle forma a los bagels, dejarlos reposar en la nevera, dejarlos reposar fuera de la nevera, mirar a ver si flotan, escaldarlos, decorarlos y hornearlos (en mi caso en dos tandas, porque me cabían demasiado justos en la bandeja). Vamos, que si queréis una receta rápida y cómoda os recomiendo el pan de soda irlandés que hice por estas fechas el año pasado. Si, en cambio, lo que buscáis son unos bagels caseros tradicionales, aquí los tenéis. Con un poco de salmón ahumado y queso de untar… ¡qué maravilla!

Bagels
(Para 8 bagels)

250 ml de agua tibia
1 cucharada de jarabe de malta (aunque es un ingrediente que le da un puntillo muy especial a los bagels, no es fácil de encontrar… podéis sustituirlo por miel sin sentiros demasiado culpables)
1 cucharadita de levadura seca activa
1 cucharadita y media de sal
450 gramos de harina de fuerza
Semillas (de amapola, de sésamo, variadas…) para decorarlos
Aceite
Para el líquido de escalfar: 3 litros de agua, 1 cucharada y media de jarabe de malta (o miel), 1 cucharada de bicarbonato de sodio y 1 cucharadita de sal

  1. En un recipiente mediano mezclamos el agua, el jarabe de malta, la levadura y la sal.
  2. Ponemos la harina en un recipiente grande y añadimos la mezcla anterior. Con una cuchara de madera (o una batidora amasadora) removemos bien durante unos tres minutos, hasta que la harina haya absorbido bien el líquido. Dejamos reposar durante cinco minutos.
  3. Ponemos la masa sobre una superficie limpia (no hace falta enharinarla, porque no es una masa nada pegajosa) y amasamos durante unos tres minutos más. Hacemos una bola con ella y la ponemos en un bol grande ligeramente engrasado. Tapamos bien con papel film y la dejamos reposar a temperatura ambiente durante una hora.
  4. Pasado ese tiempo, dividimos la masa en ocho pedazos iguales (más o menos de 90 gramos cada uno) y damos forma a los bagels: cogemos cada trozo, lo estiramos hasta hacer un bastón alargado de 20 cm de largo, más o menos, y unimos los extremos, haciendo una “rosquilla” con un agujero de unos 5 cm de diámetro. Otra forma de hacerlo (más fácil pero menos ortodoxa) es hacer un bollo y agujerearlo con el dedo, estirando después el agujero con las manos (pero conste que el método tradicional es el otro).
  5. Cuando estén todos los bagels hechos, los ponemos sobre una bandeja forrada con papel vegetal, los pintamos con un poco de aceite, los cubrimos con film transparente y los metemos en la nevera para que reposen un mínimo de dos horas y un máximo de dos días (yo los dejé de un día para otro).
  6. Cuando los vayamos a hornear, los sacamos del horno entre una hora y hora y media antes y los dejamos a temperatura ambiente. Para saber si están listos, cogemos uno y lo metemos en un bol grande con agua fría: si se hunde, lo sacamos, lo devolvemos a la bandeja y los dejamos reposar 20 minutos más; si vuelve a la superficie ya podemos seguir con el proceso.
  7. Preparamos el líquido de escalfar: llenamos un cazo grande con unos 3 litros de agua asegurándonos de que tenga al menos una profundidad de 10 cm. La calentamos hasta que hierva y cuando sea así, bajamos el fuego para mantener un hervor muy suave y mezlclamos el jarabe de malta, el bicarbonato de soda y la sal. Con una espátula, vamos poniendo los bagels poco a poco, dejando que se cuezan un minuto por cada lado, y después los colocamos ya en la bandeja de hornear forrada con papel vegetal bien engrasado (pintadlo con aceite o se os pegará a los bagels en el horno). Los espolvoreamos con las semillas que nos apetezcan.
  8. Precalentamos el horno a 250ºC y, al meter los bagels, bajamos la temperatura a 230ºC. Los horneamos entre 15 y 20 minutos, y los dejamos enfriar media hora sobre una rejilla antes de cortarlos y comerlos.

(Encontré la inspiración en el libro Artisan Breads Every Day, de Peter Reinhart; y con esta receta colaboro en YeastSpotting)

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