Bundt cake de limón y tomillo

bizcocho limón y tomillo

El monstruito y yo hicimos un bizcocho. Hace tiempo que no me echaba una mano en la cocina (a veces pasa de mí y a veces soy yo la que no lo quiere cerca, porque no me interesa que vea los ingredientes secretos que pongo en las recetas), pero esta vez me ayudó entusiasmado a pesar todas las cosas (nunca tanto tardamos y nunca tanto manchamos con la harina) y a revolver la masa. Si le dejo, incluso me engrasa él el molde… pero tengo sentido común suficiente para decirle que eso ni lo intente, ¡que las manchas de mantequilla no son buenas de quitar!

Este bundt de limón y tomillo, muy veraniego, lo preparamos para una reunión familiar, y supongo que estaba bueno de verdad porque aunque había dos postres más nos lo comimos casi entero. Es fácil de hacer (¡a prueba de niños!); y mi único consejo es que no intentéis sustituir el tomillo fresco por el seco, porque no va a saber igual y no os va a aromatizar el bizcocho de la misma manera.

Receta de bundt cake de limón y tomillo
(Para un molde de bundt cake)

350 gramos de harina
1 cucharadita de levadura química (tipo Royal)
1 cucharadita de bicarbonato sódico
200 gramos de mantequilla, a temperatura ambiente
La ralladura de dos limones
2 cucharadas de hojas de tomillo fresco
200 gramos de azúcar
3 huevos, a temperatura ambiente
250 gramos de buttermilk (o 250 ml de leche mezclados con dos cucharadas de zumo de limón)
El zumo de un limón

  1. Tamizamos juntas la harina, la levadura química y el bicarbonato de soda. Reservamos.
  2. En un bol grande batimos juntos la mantequilla, la ralladura de limón, el azúcar y las hojitas de tomillo durante dos o tres minutos, hasta conseguir que la mezcla tenga una textura de pomada y un color amarillo pálido.
  3. Vamos añadiendo los huevos uno a uno, batiendo bien cada vez.
  4. Con una espátula, incorporamos la harina en tres partes, alternando con el buttermilk.
  5. Por último, incorporamos el zumo de limón y removemos con la espátula para que quede bien distribuido.
  6. Engrasamos mucho (¡pero mucho!) el molde (yo lo embadurno bien de mantequilla, asegurándome de que todas las esquinitas quedan engrasadas, y luego lo espolvoreo con harina, por si las moscas). Vertemos la masa en él y lo horneamos durante una hora y cuarto a 170ºC sobre la rejilla del horno.
  7. Sacamos el bizcocho del horno y lo dejamos enfriar en el molde unos 15 minutos antes de encomendarnos a nuestros dios y volcarlo sobre una rejilla (si a la primera no sale, dejadlo reposar cinco minutillos más e intentad despegarlo poco a poco con una espátula).

(Encontré la inspiración en el libro Simply Nigella, de Nigella Lawson)

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