Tres formas de hacer puré de calabaza para repostería

puré de calabaza

No sé si os habéis fijado, pero casi todas las recetas con calabaza en este blog empiezan con la siguiente instrucción: “Cocemos la calabaza (en agua o al vapor, en olla o al microondas, como os sea más cómodo), la escurrimos bien y la machacamos con un tenedor hasta hacer un puré con ella. Dejamos que enfríe.”

Eso es porque la mayoría de recetas estadounidenses utilizan puré de calabaza, que allí se vende enlatado en los supermercados. Aquí es casi imposible de encontrar (salvo en tiendas especializadas), y además no vale la pena comprarlo: es facilísimo de hacer en casa y sale mucho mejor. Yo lo que hago últimamente es, a principios de temporada, preparar un montón y congelarlo en cómodas racioncillas que luego voy utilizando a lo largo del otoño-invierno, así ya lo tengo listo cuando quiero ponerme a cocinar. Por si os apetece intentarlo, aquí os dejo tres formas de hacerlo.

En el horno: Ésta es la manera tradicional estadounidense. Cortamos la calabaza en cuartos (si es muy grande, cortadla en trozos más pequeños), sacamos las pepitas y ponemos los trozos con la piel hacia arriba sobre una bandeja de horno forrada con papel vegetal. Horneamos a 180ºC durante unos tres cuartos de hora. Pinchamos varios pedazos con un tenedor para comprobar que ya esté tierna y dejamos enfriar. Después, quitamos la piel y batimos la pulpa con una batidora o la machacamos con un tenedor. Este método proporciona un puré más sabroso, pero más seco: si es necesario podemos añadir un chorrito de agua.

En una olla: Pelamos la calabaza, le quitamos las pepitas y la cortamos en trozos pequeños. Los cocemos en agua hirviendo durante 10-15 minutos, hasta que estén tiernos y se puedan aplastar con un tenedor. Colamos, dejamos enfriar y machacamos los trozos hasta obtener una textura de puré.

En el microondas: ¡Mi método favorito! Pelamos la calabaza, le quitamos las pepitas y la cortamos en trozos pequeños. Los metemos en un recipiente de silicona para microondas (o en un tupper tapado con un film transparente), ponemos un par de cucharadas de agua para hacer vapor, cerramos el recipiente y cocinamos a máxima potencia durante 8-10 minutos (el tiempo dependerá de la potencia de vuestro aparato). Dejamos enfriar y machacamos los trozos hasta obtener una textura de puré. Yo, cuando no tengo puré ya preparado, suelo hacerlo de esta manera, porque es la más rápida y cómoda.

Ya veis: ¡más fácil imposible! La semana que viene os pongo una receta con puré de calabaza para que vayáis practicando. ¡Besos!

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