Mermelada de fresas y semillas de chía

¡Fresas! Me paso todo el año esperando a que llegue la temporada y en estos tres mesecillos me como todas las que puedo. Supongo que por eso mi media naranja, cuando el otro día se iba de recados y le pedí que me comprase unas pocas, me trajo a casa una bandeja de kilo y medio. Pero había más fruta en casa, a los niños no les entusiasman y tenía miedo de que se me pusiesen malas, así que decidí separar medio kilo y hacer un poco de mermelada.

Y como sigo con mi cruzada “más fruta y menos azúcar” decidí hacer un experimento que había visto algunas veces en Internet: sustituir parte del azúcar de la mermelada por semillas de chía, que como ya hemos comentado alguna vez se vuelven blandas y gelatinosas al mojarse. A nosotros nos encantó el resultado, aunque es cierto que (obviamente) sabe menos dulce de lo habitual. Probad y ya me diréis, ¡yo pienso repetir!

Receta de mermelada de fresas y chía
(Para un bote grandecito)

500 gramos de fresas troceadas
50 ml de agua
3 cucharadas de sirope de arce o miel
40 gramos de semillas de chía

  1. Ponemos en un cazo las fresas troceadas, el agua y el sirope de arce y lo calentamos hasta conseguir un hervor suave. Dejamos que se cocinen durante unos cinco minutos, para ablandarlas y que suelten parte del zumo.
  2. Pasado ese tiempo separamos el cazo del fuego y con un tenedor (o una batidora de mano, a las bravas) machacamos las fresas hasta obtener la textura que queramos que tenga la mermelada (a mí me gusta que queden trocitos de fruta, si queréis que sea más como compota… dadle con ganas).
  3. Volvemos a poner el cazo a fuego medio y lo dejamos hervir, sin tapar, unos diez minutos más.
  4. Sacamos el cazo del fuego y añadimos las semillas de chía. Removemos bien durante un minuto, para distribuirlas y ablandarlas.
  5. Dejamos reposar un poco la mermelada y la vertemos en el bote que vayamos a utilizar para guardarla.
  6. Dejamos que enfríe de todo (durante este tiempo espesará aún más) y la conservamos en la nevera. Hay que tener en cuenta que lleva menos azúcar que la mermelada tradicional, que es lo que hace que aguante tanto tiempo sin estropearse, por eso lo recomendable es hacerla en cantidades pequeñas y consumirla en dos o tres semanas, no más.

(Encontré la inspiración en Bon Appétit)

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