Madeleines (sin gluten y sin lactosa)

En esta cocina ya hemos hecho alguna vez madeleines, esos delicados bizcochitos franceses que hicieron que a Marcel Proust le diese tal ataque de nostalgia que después de comerse uno acabó escribiendo más de 4.000 páginas de memorias noveladas en En busca del tiempo perdido (ya, una locura, pero recordad que en aquellos tiempos no había Facebook ni televisión y la gente aprovechaba mejor las horas muertas).

Esta versión sin gluten (y sin lactosa) mantiene la textura esponjosa de la receta original y su suave sabor a limón. Las madeleines son muy fáciles de hacer y están deliciosas, su única particularidad es que se necesita un molde concreto para hacerlas, pero podéis encontrarlos baratísimos en tiendas especializadas y en Internet, tanto de silicona como metálicos. ¡Y están tan ricas que vale la pena la inversión!

Receta de madeleines sin gluten y sin lactosa
(Para 12 madeleines)

Un huevo
40 gramos de aceite de oliva suave
El zumo y la ralladura de medio limón
25 gramos de azúcar
15 gramos de azúcar moreno
25 gramos de almendra molida
50 gramos de harina de arroz integral
1 cucharadita de levadura química (tipo Royal)
Una pizca de sal

  1. En un recipiente grande batimos juntos el huevo y el aceite.
  2. Vamos añadiendo el resto de ingredientes de uno en uno, batiendo bien cada vez, hasta obtener una masa homogénea y sin grumos.
  3. Tapamos la masa con papel film de forma que el plástico toque su superficie (así no formará una costra) y lo dejamos reposar en la nevera como mínimo media hora.
  4. Antes de hornearlas, preparamos el molde. Derretimos un poco de mantequilla o margarina y con un pincel untamos bien todos los huecos con forma de concha. Después metemos el molde en la nevera un cuarto de hora para que se enfríe. Cuando esté listo, lo espolvoreamos con un poco de harina de arroz o de maicena y llenamos los moldes con la masa recién sacada de la nevera.
  5. Horneamos los bizcochos a 200°C unos 10 minutos. Dejamos reposar cinco minutillos antes de desmoldarlos. Es mejor consumirlos en el día, pero aguantan razonablemente bien si se guardan en un recipiente hermético.

(Encontré la inspiración en el libro Todo sin gluten, de Clea)

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