Focaccia sin gluten

Hoy me vais a permitir que me ponga un poco ñoña, pero acabo de cambiar de trabajo y echo mucho de menos a mis antiguos compañeros. En el despacho nuevo me han acogido con los brazos abiertos (y una paciencia de santos, cosa que agradezco porque soy un poco torpe), pero llevaba ocho años en mi antiguo puesto y a estas alturas ya nos queremos todos mucho. No tengo más que buenas palabras para ellos, que siempre se portaron fenomenal conmigo, hasta el último día, que de regalo de despedida me trajeron a la oficina una enorme maceta de plantas aromáticas. ¿No os parece un detalle precioso? Romero, tomillo, estevia, salvia y curry. Qué majos son. Y una mariposa y una rana decorativas. Qué detallazo. Y la maceta es de cerámica. Qué monos. Y grandecita. Qué simpáticos. Y cuando digo grandecita, quiero decir unas dos toneladas de peso y el diámetro de una plaza de toros. Por cierto, ¿os he dicho ya que yo a mi antiguo trabajo iba y venía en bus todos los días? ¿Una hora de trayecto? ¿UNA HORA de trayecto que tuve que hacer con la dichosa maceta en mi regazo? Empiezo a pensar que mis ex compañeros en realidad ni son tan majos ni me quieren tanto como dicen…

El caso es que ahora tengo mogollón de plantas aromáticas en la cocina y tengo que utilizarlas rápido antes de que llegue la típica plaga bíblica y me las fulmine a todas. Estrené la maceta el otro día preparando de cena unos gnocchi salteados con mantequilla y salvia, y hoy os traigo una receta de focaccia sin gluten con romero. Dedicada, con muchos besos y muchos mimos, a mis ex compañeros. A pesar del viaje en bus con la maldita maceta.

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Pan sin gluten con frutos secos y semillas


Gentes, no me diréis que no han sido un par de meses interesantes. Diez semanas en las que, además de tener la limitación de tener que cocinar sin gluten, nos hemos unido al reto #70DíasSinAzúcar y hemos preparado sólo recetas sin azúcar añadido. Y hemos demostrado que hay vida más allá de la macedonia de frutas, preparando batido, bizcocho, tortitas, trufas, crackers, magdalenas, gofres, helado y gachas. A partir de ahora volveremos a las cantidades moderadas de azúcar. Mientras, aquí os dejo la última receta del reto. Pan sin gluten. Mi nueva bestia negra.

Porque a la masa de pizza ya le he pillado el punto (si os portáis bien os cuento algún día cómo la hago), pero al pan-pan todavía no. Al monstruito le da igual, que él es muy agradecido y se come muy contento sus panes industriales, pero yo quiero hacer cosas muy ricas, saludables y caseras para él. ¡Y voy mejorando! Este pan que os traigo hoy, cargadísimo de frutos secos y semillas, es genial para unas tostadas mañaneras y está delicioso con queso o, simplemente, con aceite y tomate. La miga es muy densa, por lo que recuerda un poco a los panes alemanes de centeno. ¡Sin gluten, pero con mucho sabor!

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Panecillos con semillas de chía (sin gluten)

Cuando empezó el año en mi despensa había harina de trigo (normal, integral, de fuerza y con levadura), de centeno y de maíz, y también un paquete de maicena, y ya me parecía bastante desmadre. ¿Y desde que somos una familia sin gluten? Ahora tengo harina de maíz, de trigo sarraceno, de garbanzo, de arroz (normal e integral) y de tapioca, fécula de patata y maicena. ¡Ah! Y tres preparados comerciales: para repostería, para pan y para pan rústico. Sí, es una locura, ¡casi no caben! De hecho, el otro día se cayó un paquete y explotó en el suelo. Sin comentarios…

Así que, aunque tengo por costumbre traeros recetas sencillas y con ingredientes fáciles de encontrar, hoy me vais a permitir que saque a pasear media docena de mis harinas sin gluten para prepararle a mi monstruito unos bollitos de pan. Ya sé que los preparados comerciales son comodísimos (a mí con el Mix B de Schär y un poco de harina de trigo sarraceno me sale una masa de pizza estupenda), pero esta vez me apetecía hacer la mezcla en casa. Los panecillos están ricos y la miga sale esponjosa y jugosa. La corteza… pues es lo que veis en la foto. Bastante inexistente. Pero al monstruito le encantaron, ¡así que misión cumplida!

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Scones de queso

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Antes de que los británicos se pongan en serio con el Brexit y nos dejen abandonados llevándose con ellos el té, la mermelada de ruibarbo y los coches con el volante a la derecha, yo voy a aprovechar y sacarle partido a todas las cosas maravillosas que han aportado a mi vida como repostera. Las recetas de Jamie Oliver, por ejemplo. Las temporadas pendientes que aún tengo que ver del Great British Bake Off, que es uno de mis concursos televisivos favoritos. Los crumbles (aún no hemos hecho ninguno en el blog, pero todo se andará). ¡Y los scones!

¡Hace dos años que no cuelgo en el blog una receta de scones! No sé por qué los tengo tan abandonados, porque me encantan y son muy fáciles de hacer. De hecho son tan sencillos que esta vez no sólo tuve la inestimable ayuda del monstruito: también la fierecilla, que aún no ha cumplido dos años, nos echó una mano ayudando a poner los ingredientes en el bol, revolviendo y cortando la masa con el cortapastas. Vale, sí, cuando acabamos parecía que había estallado un saco de harina en la cocina, pero ellos se quedan tan contentos y tan satisfechos que compensa.

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Naan (pan indio)

naan

Te levantas un día y decides que te apetece mogollón hacer naan. Sacas de la estantería media docena de libros sobre pan y encuentras, claro, otras tantas recetas, todas ellas distintas entre sí. Descartas algunas por no ser claras con las cantidades de los ingredientes (¡eso va por ti, Paul Hollywood!) y otras por incluir ingredientes poco apetitosos. Y llegas a ese libro maravilloso que es Short and Sweet, de Dan Lepard, que nunca te falla y que además te permite ir por casa canturreando “el naan de Dan, el naan de Dan”, que es una tontería de ésas que haces cuando no hay nadie cerca (aunque luego lo cuentes en un blog…).

Dos reflexiones sobre el naan, en particular, y los panes, en general. La primera: ¡el naan no necesita horno, se cocina en una sartén! La segunda: llevo tres años escribiendo este blog y sigo siendo incapaz de sacar una fotografía medio decente a un pan. ¡Soy un caso perdido!

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