Scones de queso

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Antes de que los británicos se pongan en serio con el Brexit y nos dejen abandonados llevándose con ellos el té, la mermelada de ruibarbo y los coches con el volante a la derecha, yo voy a aprovechar y sacarle partido a todas las cosas maravillosas que han aportado a mi vida como repostera. Las recetas de Jamie Oliver, por ejemplo. Las temporadas pendientes que aún tengo que ver del Great British Bake Off, que es uno de mis concursos televisivos favoritos. Los crumbles (aún no hemos hecho ninguno en el blog, pero todo se andará). ¡Y los scones!

¡Hace dos años que no cuelgo en el blog una receta de scones! No sé por qué los tengo tan abandonados, porque me encantan y son muy fáciles de hacer. De hecho son tan sencillos que esta vez no sólo tuve la inestimable ayuda del monstruito: también la fierecilla, que aún no ha cumplido dos años, nos echó una mano ayudando a poner los ingredientes en el bol, revolviendo y cortando la masa con el cortapastas. Vale, sí, cuando acabamos parecía que había estallado un saco de harina en la cocina, pero ellos se quedan tan contentos y tan satisfechos que compensa.

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Naan (pan indio)

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Te levantas un día y decides que te apetece mogollón hacer naan. Sacas de la estantería media docena de libros sobre pan y encuentras, claro, otras tantas recetas, todas ellas distintas entre sí. Descartas algunas por no ser claras con las cantidades de los ingredientes (¡eso va por ti, Paul Hollywood!) y otras por incluir ingredientes poco apetitosos. Y llegas a ese libro maravilloso que es Short and Sweet, de Dan Lepard, que nunca te falla y que además te permite ir por casa canturreando “el naan de Dan, el naan de Dan”, que es una tontería de ésas que haces cuando no hay nadie cerca (aunque luego lo cuentes en un blog…).

Dos reflexiones sobre el naan, en particular, y los panes, en general. La primera: ¡el naan no necesita horno, se cocina en una sartén! La segunda: llevo tres años escribiendo este blog y sigo siendo incapaz de sacar una fotografía medio decente a un pan. ¡Soy un caso perdido!

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Rollitos de canela (la versión de Nigella)

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Ya sabéis que soy una obsesa de la canela, en general, y de los rollitos de canela, en particular. Voy por las cafeterías pidiéndolos como una loca, los hago en casa, busco nuevas recetas que añadir a mi colección… De hecho, en el blog teníais ya la versión holandesa (los Zeeuwse Bolussen) y la sueca (los Kanelbullar), y hoy se une ésta, la versión de Nigella Lawson, que se supone que es de origen noruego y que está tan espectacularmente rica como las otras dos.

Es la primera receta que hice en mi vida de rollitos de canela y vuelvo a ella de vez en cuando. Es un poco particular: en lugar de hornearse separados, los bollos se ponen sobre una base de masa y se cocinan como si fuesen un bizcocho, que luego se parte con la mano (o con cuchillo, claro, pero eso es menos divertido). Aviso a navegantes: la masa es una mala perra, pegajosa y poco dispuesta a colaborar… ¡pero el esfuerzo vale la pena!

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Bollitos tiernos de aceite de oliva

bollitos semidulces

Como tenía un montón de levadura fresca después de haber hecho mi flamante roscón de Reyes (sobre todo porque hubo un pequeño incidente y tuvimos que bajar a reponer ingredientes) y, sorprendentemente, algo de tiempo libre, decidí hacer pan. Bueno, bollos: bollos tiernos, suaves, riquísimos, perfectos para comer así tal cual, para rellenar (como aquellas míticas mediasnoches de los cumpleaños ochenteros) o para tostar y disfrutar con mantequilla y mermelada.

En realidad, la experta en esta receta es mi amiga Marie Noire, que los borda, pero los míos quedaron más que dignos y en casa todo el mundo se los comió muy felizmente. Además, se hacen con aceite de oliva, así que son sin lactosa y un pelín más sanos. Y, obviamente, si no tenéis levadura fresca, ¡se pueden hacer con levadura seca de panadería!

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Cornbread (pan de maíz americano)

cornbread

El cornbread es un tipo de pan estadounidense, típico de los estados sureños, de aspecto y textura bizcochados. Como todas las recetas tradicionales, tiene un millón de versiones (con jalapeños, con bacon, con granos de maíz, con calabaza…). Y, como todas las recetas tradicionales, está rodeado de polémicas. Según mis investigaciones, los puristas dictan que hay que hornearlo en una sartén de hierro engrasada con grasa animal y no ponerle ni pizca de azúcar. El cornbread con azúcar, dicen con cierto desprecio, es de yankees (los yankees, efectivamente, no se cortan a la hora de endulzar sus panes, ¡he visto recetas con hasta 150 gramos de azúcar!).

Tenía ganas de probarlo (a estas alturas del año siempre echo de menos las comilonas de Acción de Gracias que hacíamos cuando mi familia estadounidense vivía en Galicia), así que he elegido esta receta, que es bastante clásica. Confieso que no he usado grasa de bacon y que lo he horneado en un molde (la última vez que utilicé mi sartén apta para el horno las pasé canutas para despegar la comida), pero vamos a fingir que lo hice todo según las reglas.

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