Queso fresco casero

Hace medio millón de años me apunté con dos amigas a una clase de hacer queso. Nos explicaron los conceptos básicos y además hicimos un queso fresco, y me pareció todo tan divertido que, si no fuese porque lo de conseguir cuajo me resultaba un poco complicado, me hubiese puesto a hacer quesos como loca nada más salir de la clase.

Y así estuve hasta el verano pasado… cuando descubrí que en realidad no necesitas cuajo para hacer queso fresco: puedes prepararlo con zumo de limón o yogur y leche fresca pasteurizada (de la que venden en la zona de refrigerados en los supermercados). Hay varias maneras de hacerlo, yo os voy a contar la que, para mi gusto, da mejor resultado: Un microondas (o un cazo) y un molde (los venden baratísimos en internet, pero se puede sustituir por un colador o un paño fino) son el sofisticadísimo equipamiento que vamos a utilizar.

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Madeleines (sin gluten y sin lactosa)

En esta cocina ya hemos hecho alguna vez madeleines, esos delicados bizcochitos franceses que hicieron que a Marcel Proust le diese tal ataque de nostalgia que después de comerse uno acabó escribiendo más de 4.000 páginas de memorias noveladas en En busca del tiempo perdido (ya, una locura, pero recordad que en aquellos tiempos no había Facebook ni televisión y la gente aprovechaba mejor las horas muertas).

Esta versión sin gluten (y sin lactosa) mantiene la textura esponjosa de la receta original y su suave sabor a limón. Las madeleines son muy fáciles de hacer y están deliciosas, su única particularidad es que se necesita un molde concreto para hacerlas, pero podéis encontrarlos baratísimos en tiendas especializadas y en Internet, tanto de silicona como metálicos. ¡Y están tan ricas que vale la pena la inversión!

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Yogur de vainilla (en yogurtera)

Tenemos un poco abandonada a la yogurtera últimamente, porque en casa tomamos TANTOS yogures que a la pobre no le da tiempo a abastecernos. Sobre todo, compramos yogures naturales, que tomamos con frutas, con compota o con un poco de mermelada casera. Pero de vez en cuando nos da algún antojo y nos pasamos al yogur de sabores: a los enanos les encanta el de fresa y a mi media naranja, el de vainilla.

Y el caso es que se puede hacer yogur de vainilla con la yogurtera, y es una forma de asegurarte de que lleva vainilla de verdad y no algún sustituto artificial… Así que me puse manos a la obra y preparé una tanda de yogures que, como siempre, volaron. ¡Con éstos no hay manera de que duren los postres en casa!

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Orejas de Carnaval (sin gluten)

Lo mejor de Carnaval no son los disfraces: son los postres. Galicia es tierra de larpeiros, así que nos preparamos para la llegada de la Cuaresma con unos cocidos y laconadas que harían las delicias de Obelix y, para rematar el banquete, fuentes y más fuentes de filloas, orejas, flores, leche frita, torrijas… De todas estas exquisiteces, mis preferidas son las orejas, porque sólo las como en esta época del año. Cerca de nuestra casa hay una panadería donde hacen unas que son inmensas y maravillosas: con sus partes crujientes, sus partes blanditas y su punto justo de anís. Son perfectas… pero, claro, llevan gluten.

Así que, madre coraje que es una, este año he aprendido a hacer orejas de Carnaval. He buceado por Internet y me he leído una docena de recetas distintas. He cogido de aquí y de allá buscando crear una oreja lo más parecida posible a las tradicionales. Por supuesto, trabajar la masa es un suplicio, como siempre, pero tengo un truquillo que os ayudará mucho. El monstruito está feliz con sus orejas sin gluten… ¡y yo estoy pensando ya que en noviembre voy a tener que aprender a hacer buñuelos!

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Yemas de Santa Teresa

Ya sé que no me pega nada aparecer de repente con unos dulces tan tradicionales como éstos, pero después de hacer la pavlova del otro día me quedaron seis yemas que me miraban con tristeza desde el fondo de un bol. Algo tenía que hacer con ellas, ¿no? Mi primera opción fue un tocinillo del cielo (una bomba calórica que me vuelve loca), pero las recetas que tenía a mano me pedían todas 12 yemas, así que me hubiera quedado colgada con seis claras. Mi segunda opción, unos de mis pastelitos preferidos de cuando era pequeña: las yemas de Santa Teresa.

Ojo, porque parece una receta tontísima pero tiene su intríngulis: hay que preparar primero un almíbar con azúcar y agua y luego ir cuajando las yemas sin quemarlas y sin dejar de remover. ¡Y mucho cuidado, que quemarse con caramelo no es ninguna tontería!

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