Galletas de chocolate con harina de garbanzos (sin gluten y sin lactosa)

¡Hace un montón de tiempo que no hacíamos galletas! Y mira que son una cosa fácil y agradecida, sobre todo las de chocolate: mezclar ingredientes, hacer montoncitos, hornear de 10 a 15 minutos y listo. Hay mil versiones, incluso si estás limitada a las harinas sin gluten, y eso las convierte en una receta muy buena para experimentar, y ya sabéis que a mí me encantan los experimentos en la cocina. Y engañar a mis hijos.

En realidad no sé por qué me gusta tanto meter ingredientes secretos en mis dulces, porque mis niños, por lo menos por ahora, comen casi de todo. Desde que dejaron los purés y las papillas los hemos sentado a comer con nosotros con el mismo menú que los adultos, y lo mismo te comen una menestra que un pescado al horno. Las legumbres les entusiasman, pero ¿no dicen siempre los nutricionistas que deberíamos consumirlas más? Pues hala, al postre también. ¿Recordáis el brownie con alubias? Pues hoy, galletas con harina de garbanzos. Podéis comprarla ya preparada (la hay en algunos hipermercados y en tiendas de productos biológicos) o, si tenéis una buena picadora, molerla vosotros mismos en casa. Con ella conseguiréis una docena de cookies estilo americano maravillosas, crujientes por fuera y blanditas por dentro. ¡Éxito garantizado!

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Torta di riso alla Carrarina (tarta italiana de arroz y flan)

Terminamos la temporada de cumpleaños familiares con una tarta bien curiosa. La receta viene de la Toscana y es un postre muy fácil de hacer que, al hornearlo, se divide en dos capas: la de abajo recuerda al clásico arroz con leche y la de arriba es un flan de los de toda la vida (aquí podéis ver cómo queda por dentro). Ya veis, en la foto, que el aspecto no puede ser más casero y tradicional. ¿No os imagináis a una abuela, toda vestida de negro, preparándola en la cocina de su casita mientras sus nietos corretean entre los limoneros? ¿Soy la única? ¿He visto demasiadas películas italianas?

La verdad es que desde que al monstruito le diagnosticaron celiaquía nuestros menús son mucho más divertidos que antes. Evitar la omnipresente harina de trigo hace que experimentemos con muchos ingredientes que antes hubiéramos ignorado y que nos lancemos a probar cosas nuevas casi a diario. Esta tarta nos encantó porque, además de estar riquísima, es totalmente distinta a las que comemos normalmente en casa, y eso que al principio sólo me fijé en ella porque es una receta sin gluten. ¿Qué otras sorpresas nos deparará el futuro?

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Panecillos con semillas de chía (sin gluten)

Cuando empezó el año en mi despensa había harina de trigo (normal, integral, de fuerza y con levadura), de centeno y de maíz, y también un paquete de maicena, y ya me parecía bastante desmadre. ¿Y desde que somos una familia sin gluten? Ahora tengo harina de maíz, de trigo sarraceno, de garbanzo, de arroz (normal e integral) y de tapioca, fécula de patata y maicena. ¡Ah! Y tres preparados comerciales: para repostería, para pan y para pan rústico. Sí, es una locura, ¡casi no caben! De hecho, el otro día se cayó un paquete y explotó en el suelo. Sin comentarios…

Así que, aunque tengo por costumbre traeros recetas sencillas y con ingredientes fáciles de encontrar, hoy me vais a permitir que saque a pasear media docena de mis harinas sin gluten para prepararle a mi monstruito unos bollitos de pan. Ya sé que los preparados comerciales son comodísimos (a mí con el Mix B de Schär y un poco de harina de trigo sarraceno me sale una masa de pizza estupenda), pero esta vez me apetecía hacer la mezcla en casa. Los panecillos están ricos y la miga sale esponjosa y jugosa. La corteza… pues es lo que veis en la foto. Bastante inexistente. Pero al monstruito le encantaron, ¡así que misión cumplida!

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Muesli sin gluten

Una de las primeras cosas que tuvimos que repensar cuando nos dijeron que el monstruito es celíaco fue el tema de los desayunos. En casa, a diario, desayunamos muesli casero, y los fines de semana solemos tomar tostadas o sándwiches. Los fines de semana los solucionamos rápido comprando para él pan de molde sin gluten (algún día me animaré a hacerlo en casa… pero aún no me he puesto a ello) pero lo del muesli me dio más quebraderos de cabeza, porque no quería utilizar los preparados comerciales (cargaditos de azúcar y aceites vegetales de dudosa procedencia) pero al principio no tenía ni idea de qué utilizar para sustituir los copos de avena.

Por lo que he ido descubriendo, la avena es un tema controvertido en el mundo glutenfree. Hay países (como EEUU) donde, aunque tiene gluten, no la consideran dañina para los celíacos, pero por aquí la tendencia es más conservadora y opina que hasta que no haya más pruebas científicas hay que retirarla de la dieta. Me hizo falta bucear un poco en foros y webs de recetas sin gluten hasta encontrar algo para reemplazarla: los copos de quinoa. Son algo más pequeños, pero tienen un sabor tostado muy interesante y no son difíciles de encontrar en tiendas gourmet y de productos ecológicos. Hay también copos de mijo, pero son diminutos y se desmenuzan tanto que no los vi prácticos para mi muesli; lo que sí compro, y al monstruito le encanta, es mijo y arroz inflado. El resto de la receta no tiene mucha ciencia (corn flakes sin gluten, frutos secos, semillas y fruta deshidratada): yo os dejo aquí las proporciones que nos gustan a nosotros y vosotros id jugando con los ingredientes hasta encontrar vuestra propia receta perfecta.

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Mermelada de fresas y semillas de chía

¡Fresas! Me paso todo el año esperando a que llegue la temporada y en estos tres mesecillos me como todas las que puedo. Supongo que por eso mi media naranja, cuando el otro día se iba de recados y le pedí que me comprase unas pocas, me trajo a casa una bandeja de kilo y medio. Pero había más fruta en casa, a los niños no les entusiasman y tenía miedo de que se me pusiesen malas, así que decidí separar medio kilo y hacer un poco de mermelada.

Y como sigo con mi cruzada “más fruta y menos azúcar” decidí hacer un experimento que había visto algunas veces en Internet: sustituir parte del azúcar de la mermelada por semillas de chía, que como ya hemos comentado alguna vez se vuelven blandas y gelatinosas al mojarse. A nosotros nos encantó el resultado, aunque es cierto que (obviamente) sabe menos dulce de lo habitual. Probad y ya me diréis, ¡yo pienso repetir!

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