Torta di riso alla Carrarina (tarta italiana de arroz y flan)

Terminamos la temporada de cumpleaños familiares con una tarta bien curiosa. La receta viene de la Toscana y es un postre muy fácil de hacer que, al hornearlo, se divide en dos capas: la de abajo recuerda al clásico arroz con leche y la de arriba es un flan de los de toda la vida (aquí podéis ver cómo queda por dentro). Ya veis, en la foto, que el aspecto no puede ser más casero y tradicional. ¿No os imagináis a una abuela, toda vestida de negro, preparándola en la cocina de su casita mientras sus nietos corretean entre los limoneros? ¿Soy la única? ¿He visto demasiadas películas italianas?

La verdad es que desde que al monstruito le diagnosticaron celiaquía nuestros menús son mucho más divertidos que antes. Evitar la omnipresente harina de trigo hace que experimentemos con muchos ingredientes que antes hubiéramos ignorado y que nos lancemos a probar cosas nuevas casi a diario. Esta tarta nos encantó porque, además de estar riquísima, es totalmente distinta a las que comemos normalmente en casa, y eso que al principio sólo me fijé en ella porque es una receta sin gluten. ¿Qué otras sorpresas nos deparará el futuro?

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Panecillos con semillas de chía (sin gluten)

Cuando empezó el año en mi despensa había harina de trigo (normal, integral, de fuerza y con levadura), de centeno y de maíz, y también un paquete de maicena, y ya me parecía bastante desmadre. ¿Y desde que somos una familia sin gluten? Ahora tengo harina de maíz, de trigo sarraceno, de garbanzo, de arroz (normal e integral) y de tapioca, fécula de patata y maicena. ¡Ah! Y tres preparados comerciales: para repostería, para pan y para pan rústico. Sí, es una locura, ¡casi no caben! De hecho, el otro día se cayó un paquete y explotó en el suelo. Sin comentarios…

Así que, aunque tengo por costumbre traeros recetas sencillas y con ingredientes fáciles de encontrar, hoy me vais a permitir que saque a pasear media docena de mis harinas sin gluten para prepararle a mi monstruito unos bollitos de pan. Ya sé que los preparados comerciales son comodísimos (a mí con el Mix B de Schär y un poco de harina de trigo sarraceno me sale una masa de pizza estupenda), pero esta vez me apetecía hacer la mezcla en casa. Los panecillos están ricos y la miga sale esponjosa y jugosa. La corteza… pues es lo que veis en la foto. Bastante inexistente. Pero al monstruito le encantaron, ¡así que misión cumplida!

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Muesli sin gluten

Una de las primeras cosas que tuvimos que repensar cuando nos dijeron que el monstruito es celíaco fue el tema de los desayunos. En casa, a diario, desayunamos muesli casero, y los fines de semana solemos tomar tostadas o sándwiches. Los fines de semana los solucionamos rápido comprando para él pan de molde sin gluten (algún día me animaré a hacerlo en casa… pero aún no me he puesto a ello) pero lo del muesli me dio más quebraderos de cabeza, porque no quería utilizar los preparados comerciales (cargaditos de azúcar y aceites vegetales de dudosa procedencia) pero al principio no tenía ni idea de qué utilizar para sustituir los copos de avena.

Por lo que he ido descubriendo, la avena es un tema controvertido en el mundo glutenfree. Hay países (como EEUU) donde, aunque tiene gluten, no la consideran dañina para los celíacos, pero por aquí la tendencia es más conservadora y opina que hasta que no haya más pruebas científicas hay que retirarla de la dieta. Me hizo falta bucear un poco en foros y webs de recetas sin gluten hasta encontrar algo para reemplazarla: los copos de quinoa. Son algo más pequeños, pero tienen un sabor tostado muy interesante y no son difíciles de encontrar en tiendas gourmet y de productos ecológicos. Hay también copos de mijo, pero son diminutos y se desmenuzan tanto que no los vi prácticos para mi muesli; lo que sí compro, y al monstruito le encanta, es mijo y arroz inflado. El resto de la receta no tiene mucha ciencia (corn flakes sin gluten, frutos secos, semillas y fruta deshidratada): yo os dejo aquí las proporciones que nos gustan a nosotros y vosotros id jugando con los ingredientes hasta encontrar vuestra propia receta perfecta.

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Barritas de arroz inflado

barritas de arroz inflado

Os cuento: Mi monstruito va a empezar el cole y yo ando dándole vueltas a qué meriendas sanas le puedo mandar para comer a media mañana. Fruta, claro, y yogur y bocatas, pero teniendo un blog como éste da un poco de pena no prepararle algún dulce casero de vez en cuando, ¿no? Y se me ocurrió hacerle barritas de cereales… pero resulta que conseguir una versión sana no es tan fácil cómo parece. Encontré una receta en Internet que me pareció sencilla y con ingredientes razonables. Arroz inflado: estupendo, que además cerca de mi casa lo venden integral. Mantequilla de cacahuete: tengo un bote que es sólo de cacahuete tostado y triturado, sin aceite de palma ni tonterías, así que estupendo también. Y un agente endulzante y pegajoso para dar forma a las barritas. Y ahí llega el problema.

Puede ser miel o cualquier sirope vegetal (de arce, de arroz, de maíz…), pero por mucho que se diga de ellos que son “naturales” el hecho es que la miel contiene un 80% de azúcar, y los siropes no andan muy lejos. En la receta que usé como base las medidas venían en tazas, no en peso, y hasta que me puse a prepararla no descubrí que la mezcla original para las barritas lleva 50 gramos de arroz, 125 de mantequilla de cacahuete y otros tantos de sirope. Vamos, ¡una bomba! Incluso recortando a la mitad la cantidad de sirope, me sigue pareciendo demasiado para un niño pequeño. Y ya sé que las barritas comerciales que venden en los supermercados son mucho peores (incluso las de “dieta” tienen casi un 30% de azúcares), pero precisamente si las hago en casa es para que sean más saludables. En resumen: que aquí os traigo unas barritas energéticas de arroz inflado riquísimas y muy adecuadas para deportistas. Y voy a seguir pensando qué darle a mi enano.

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Arroz con leche

57-arroz con leche

Cuando era pequeña, me volvía loca por tres postres: el arroz con leche, el flan y la leche frita. Y ahora que tengo edad para cocinar mis propios dulces me dedico a hacer bizcochos y pasteles de otros países en lugar de disfrutar de nuestros clásicos. ¿En qué estaré pensando?

Aquí os va el primero, y para hacerlo doblemente tradicional he utilizado como base la receta de esa mítica biblia de la repostería que es el 1080 recetas de cocina de Simone Ortega. Eso sí: he rebajado un poco la cantidad de leche (a mí me gusta más espeso que a ella) y la de azúcar (porque para mí estaba demasiado dulce… y mira que yo soy golosa). No sé si es un sacrilegio corregir a Simone Ortega… por si las moscas, os dejo también sus medidas originales y así decidís vosotros mismos.

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