Bizcocho de manzana (sin gluten, sin lactosa y sin azúcar añadido)

Para endulzar bizcochos, tartas y demás postres sin añadir azúcar ni edulcorantes (no sé por qué, pero a los edulcorantes les tengo mogollón de manía) la mejor opción es utilizar fruta. La compota de manzana, por ejemplo, da un sabor sutil y además hace más jugosos los pasteles. El plátano maduro aporta un toque acaramelado a los dulces. Y las frutas deshidratadas (pasas, higos, dátiles, orejones…) son viejunas pero también nos pueden hacer un buen servicio.

Así que por aquí, que seguimos con el reto de #70DíasSinAzúcar (aunque tengo que confesar que el otro día, en un restaurante, tuve un momento de debilidad a la hora del postre), hemos decidido echar mano de la manzana para preparar un bizcocho que no lleva nada de azúcar añadido y, además, es sin gluten y sin lactosa. Saludable, rico, jugoso y fácil de hacer. ¿Se puede pedir más?

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Bizcocho de plátano en el microondas

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Los mug cakes (es decir, bizcochos preparados en tazas y cocinadas en el microondas) están llenos de ventajas. La principal es que te permiten disfrutar de un dulce en cuestión de minutos, que es una cosa estupenda cuando te da un antojo por la noche, mientras ves la tele, o cuando les has prometido a los monstruitos que si recogen todos los juguetes sin protestar y sin tirárselos a la cabeza el uno al otro les darás un premio.

La desventaja es que a veces explotan en el microondas (un día tuve un incidente terrorífico con un bizcocho de arándanos) y que no son muy elegantes. Crecen a lo loco para desinflarse después, suelen desbordar la taza y dejarla llena de chorretones y tienen ese aspecto triste de la repostería hecha al vapor. Pero a mis monstruitos les da igual: éste de plátano, sin gluten, sin lactosa y sin azúcar añadido, lo corté en pedacitos y lo repartí en dos boles. ¡Y tan contentos! ¡El próximo día seguro que recogen aún más rápido!

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Las 10 recetas más leídas de 2016

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“¡Ah, cómo hemos cambiado!”, decía aquella canción de los 90. Y sí, hemos cambiado muchísimo. La primera receta de este blog fueron unos cupcakes con montañas de buttercream de chocolate blanco, y en los siguientes meses se les unieron varios brownies, blondies, galletas y bizcochos bien cargaditos de mantequilla y azúcar. Recetas estupendas todas… pero no el tipo de repostería que me gusta hacer ahora.

Porque ahora que tengo que alimentar a un monstruito y a una fierecilla me preocupo mucho más del valor nutricional de lo que horneamos en casa. Y no voy a dejarlos sin dulces, pero sí voy a intentar que sean integrales y que tengan menos azúcar y más fruta fresca entre sus ingredientes. Y eso no significa que de vez en cuando no nos demos un homenaje, pero incluso con ellos podemos buscar muchas veces una opción más razonable, como demuestra el top 3 de las recetas más leídas este año. Ah, ¿que no sabéis aún cuáles son las recetas más visitadas de 2016? Pues leed y salid de dudas…

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Bizcocho de zanahoria y manzana

bizcocho zanahoria y compota

Que la zanahoria y la manzana son dos cosas que van bien juntas es un hecho. Ya lo demostramos aquí hace unos meses con unos gofres estupendos, y hoy os traigo una nueva receta para reforzar la teoría. Como todos los bizcochos, es muy fácil de hacer, y aunque el topping crujiente es opcional, os recomiendo el pequeño esfuerzo extra, porque le da un punto muy interesante.

Si no encontráis pacanas, podéis sustituirlas por nueces normales. La verdad es que es una pena que las vendan en tan pocos sitios (yo las suelo comprar en establecimientos especializados en comida estadounidense y en Navidad los hay también en algún hipermercado), porque son un fruto seco bien interesante. En fin, ¡con ellas o sin ellas este bizcocho está riquísimo!

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Bizcocho de higos, plátano y nueces

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La semana pasada fuimos a casa de mi madre y nos encontramos en el portal a una vecina suya, encantadora, con una tremenda caja de higos de su finca. A la fierecilla le faltó tiempo para lanzarse en plancha a por ellos, y mientras yo la cazaba al vuelo y me disculpaba ya estaba la vecina sacando una bolsa y llenándola de higos para mis niños. Esa tarde la fierecilla merendó higos, pero el monstruito puso cara rara y (cosa poco habitual) no quiso probarlos. Le dije que si le apetecía que hiciéramos un bizcocho con ellos y tampoco le interesó, así que al final nos los comimos todos entre la fierecilla, mi media naranja y yo. Vale, sí, casi todos me los comí yo. Con nocturnidad y alevosía, además. No tengo vergüenza.

Y el otro día viene el monstruito y me pregunta que cuándo vamos a preparar el bizcocho de higos. ¿Y qué iba a hacer yo, confesar mi crimen? ¡Jamás! Compré higos, repartí delantales y nos pusimos a cocinar. Los niños nunca son demasiado pequeños para echar una mano: el monstruito me ayudó a trocear y revolver, y la fierecilla… bueno, ella estuvo jugando a hacer ruido con las tazas y las cucharas medidoras, pero así se familiarizan con los procesos y los ingredientes. Creo.

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