Barritas energéticas de quinoa y plátano (veganas, sin gluten y sin azúcar añadido)

El otro día intenté hacer barritas de muesli sin gluten. Busqué una receta con buena pinta y, siguiendo las instrucciones concienzudamente, junté un montón de granos de quinoa inflados, frutos secos, semillas y arándanos deshidratados. Después, los mezclé con la correspondiente cantidad de miel derretida, los aplasté bien en un molde, los horneé y los dejé enfriar. Y cuando los fui a desmoldar, el bloque entero se desintegró. Vamos, no es que desapareciese delante de mis ojos, es que se desmenuzaba cada vez que lo tocaba o intentaba cortar un trozo. Como barritas, un desastre, y como granola, llevaba tanta miel (para que quedase bien pegado, manda narices) que ni siquiera estaba rico. Fracaso total.

Pero yo estaba empeñada en hacer unas barritas para que el monstruito llevase al cole, porque no hay cosa que le guste más que llevar un poco de repostería casera para la meriendita de media mañana. Así que busqué otra receta, completamente distinta, y esta vez sí que salió bien. ¡Y el monstruito, feliz, que es de lo que se trata!

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Brownie de chocolate y batata (vegano y sin gluten)

Los brownies son un postre imbatible. Primero, porque normalmente se sirven acompañados con una bola de helado, que es otro postre en sí mismo, y eso da muchos puntos. Y segundo, porque llevan chocolate, que también da muchos puntos. Y sí, ya sé que hay gente a la que no le gusta el chocolate, pero a ellos hay que quererlos también, pobrecitos (y prepararles blondies).

La única pega de los brownies es que son recetas que normalmente llevan medio kilo de mantequilla, otro tanto de azúcar y otro tanto de chocolate, con su correspondiente aportación de más manteca y más azúcar. Ésta, en cambio, es una de esas versiones saludables (no sé si poner eso entre comillas…) que me saco yo de la manga de vez en cuando para sentirme menos culpable. No lleva aceite ni mantequilla, pero sí un montón de batata y de cacao puro, que dan como resultado un brownie denso y con mucho sabor. Perfecto para servir, como no, con una bola de helado…

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Mousse de chocolate y tofu

Pues a mí me gusta mucho el tofu. Y lo digo así porque los muy carnívoros suelen odiarlo, dicen que es muy insípido. Y sí, lo es, pero también lo son unos macarrones hervidos sin más, ¿no? La gracia consiste, precisamente, en que es una esponja para los demás sabores. Si lo marinas bien, lo bañas en una salsa interesante o le añades especias sirve para mil recetas. Además, cada vez es más fácil encontrar en el supermercado distintas texturas: un tofu firme y ahumado puede ser estupendo para hacer a la plancha con un poco de aceite de oliva y pimentón y un tofu sedoso, desmenuzado y con cúrcuma, da bastante el pego para hacer unos “huevos revueltos” veganos.

Incluso sirve para hacer postres: éste se prepara en diez minutos, no necesita horno y nadie va a sospechar que lleva tofu si vosotros no decís nada. Es una mousse más contundente que la tradicional, pero también más saludable, porque el tofu tiene un aporte bastante alto de proteínas pero en cambio no tiene muchas grasas. Así que dejad de mirarlo con mirada desdeñosa y dadle una oportunidad. We love tofu!

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Gofres de chocolate y plátano (sin gluten y sin azúcar añadido)

Hoy voy a ser muy breve: Gofres. Chocolate. Plátano.

Si los últimos gofres que hicimos sabían a sano, éstos saben simple y llanamente a chocolate. Y aunque ya sé que con eso ya está todo dicho, y que debería pasar simplemente a la receta, me vais a permitir señalar que, además, son sin gluten y, siguiendo con nuestro reto #70DíasSinAzúcar, sin azúcar añadido. Y fáciles de hacer. Y se pueden congelar, para tenerlos listos cuando os apetezca un desayuno especial pero no tengáis mucho tiempo para prepararlo. Y con esto, sin entreteneros más, pasamos a la receta…

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Trufas de chocolate y nueces (veganas y sin azúcar añadido)

Vale, llevamos ya varias semanas de nuestro reto de #70DíasSinAzúcar y aunque empezamos muy bien (mucha fruta, mucha agua fresca, mucha salud en general) empezamos a tener mono de dulce. Que sí, que la sandía y el melón son muy refrescantes, pero el cuerpo nos pide más. ¿Qué hacemos? ¿Nos rendimos? ¿Bajamos a la máquina expendedora más cercana y nos volvemos locos comprando chocolatinas? ¿Nos damos un atracón de magdalenas industriales? ¿Nos bebemos, a morro, un bote de leche condensada?

Nooooo. En caso de crisis, echamos mano de la fruta deshidratada. Pasas, dátiles, ciruelas, orejones… Y en las tiendas de productos a granel suelen tener también frutas tropicales (como papaya y mango). Hay que consumirlas con moderación porque, aunque sea azúcar propio y no añadido, van bastante cargaditas, pero el proceso de deshidratación hace que mantengan todas las características nutricionales de las frutas frescas. Podemos comerlas sin más o, si no nos entusiasman, usarlas como ingredientes para otras cosas. ¿Alguien ha dicho trufas?

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