Mermelada de fresas y semillas de chía

¡Fresas! Me paso todo el año esperando a que llegue la temporada y en estos tres mesecillos me como todas las que puedo. Supongo que por eso mi media naranja, cuando el otro día se iba de recados y le pedí que me comprase unas pocas, me trajo a casa una bandeja de kilo y medio. Pero había más fruta en casa, a los niños no les entusiasman y tenía miedo de que se me pusiesen malas, así que decidí separar medio kilo y hacer un poco de mermelada.

Y como sigo con mi cruzada “más fruta y menos azúcar” decidí hacer un experimento que había visto algunas veces en Internet: sustituir parte del azúcar de la mermelada por semillas de chía, que como ya hemos comentado alguna vez se vuelven blandas y gelatinosas al mojarse. A nosotros nos encantó el resultado, aunque es cierto que (obviamente) sabe menos dulce de lo habitual. Probad y ya me diréis, ¡yo pienso repetir!

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Polos de fresa

prueba polos 2

Pues esta vez el plan no funcionó. Si los gofres de calabacín fueron un éxito apoteósico, y mi monstruito me pide casi todo los días que le deje cenar una “tostada de cuadrados” (los tengo congelados y los voy racionando muy sabiamente)… estos polos de fresa, que hice porque el muy cabezota este año se niega a probarlas, no le gustaron.

Supongo que el problema es precisamente que saben a fresa, en lugar de saber a colorante rosa o a chicle, como los que se compran en las tiendas. De hecho, están buenísimos, así que, como él no los quiere, nos los comemos mi media naranja y yo. ¡Y cómo se disfrutan en estas noches de verano!

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Bizcocho de fresas

bizcocho de fresas

Y después de una tarta mantequillosa y chocolatosa, volvemos a los dulces habituales: hoy os traigo una receta de bizcocho integral con fruta fresca. ¡Fresas! Lo mejor de la primavera. Este año están buenísimas, por lo menos por esta zona, y aún así no consigo que mis monstruitos las disfruten. Por lo visto, las pelusas del suelo y las chilindradas en general son postres más apetecibles que las fresas. Así que estoy haciendo una campaña casera de promoción.

Este bizcocho es fácil de hacer, tierno y muy jugoso. Está riquísimo cuando aún está tibio (sí, ya sé que debería dejarlo enfriar antes de cortarlo, pero soy humana… una humana hambrienta). En cambio, el día siguiente ya está más duro y menos sabroso. ¿Mi consejo? ¡Aprovechad la excusa para coméroslo todo de golpe!

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Las 10 recetas más leídas de 2015

las diez recetas más leídas de 2015

¡Otro año que se acaba! Para nosotros ha sido un año especial, porque llegó nuestra fierecilla, que es un sol y la cosa más buena y más sonriente del mundo (supongo que los virus piensan lo mismo, porque lleva tres meses cogiéndose toda cuanta enfermedad pasa cerca de ella… en fin, cosas de bebés). El monstruito, que está hecho un chicarrón, ha dejado de lado su obsesión panarra y ahora está todo el día pidiendo bizcochos, galletas y magdalenas (lo que me obliga a cocinar ciertas cosas con nocturnidad y alevosía, porque si le dejo se pasa el día comiendo). ¡Quién nos lo iba a decir en marzo, cuando casi se negó a probar su riquísimo bizcocho de cumpleaños!

Y vosotros, queridos, no dejáis de sorprenderme. En las diez recetas que más os han gustado este año sólo hay una que lleva chocolate. Tres de ellas son sin azúcar. Varias son facilonas y sin horno (bueno, eso no me sorprende: ¡la vida moderna casi no nos deja tiempo de ni de cocinar!). Y la que más os ha gustado es ganadora indiscutible de este año y una de las recetas más vistas de toda la historia del blog. Y como estamos en época de listas y rankings, aquí os dejo la mía, por si os interesa. ¡Feliz 2016 a todos!

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Mini pavlovas con fresas

mini pavlovas con fresas

Merengue, nata montada y fruta fresca: un postre hecho para una bailarina. Concretamente, para Anna Pavlova, y es que este dulce se creó en su honor en una visita que la rusa hizo a Nueva Zelanda. Se supone que las capas de merengue y nata simbolizan los tules de su tutú… sea o no sea cierto, el postre es tan popular en Oceanía que tanto Australia como Nueva Zelanda se atribuyen su creación, y a estas alturas hay ya un montón de versiones, más o menos disparatadas (estoy casi segura de que el chef que lo ideó, fuese australiano o neozelandés, no pensó nunca en ponerle gominolas).

Yo he optado por la clásica, de merengue tradicional y frutos rojos (bueno, sólo fresas, pero ya sabéis que cuando estamos en temporada las uso todo lo que puedo). Eso sí, en tamaño individual, porque al ser un postre con nata y fruta fresca hay que montarlo justo antes de servirlo y consumirlo inmediatamente, y no tenía tantos invitados como para hacer una pavlova grande. Al hacerlas chiquitinas, una vez horneado el merengue se pueden ir preparando cuando apetezcan. Más práctico, ¿no?

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