Trufas de chocolate y nueces (veganas y sin azúcar añadido)

Vale, llevamos ya varias semanas de nuestro reto de #70DíasSinAzúcar y aunque empezamos muy bien (mucha fruta, mucha agua fresca, mucha salud en general) empezamos a tener mono de dulce. Que sí, que la sandía y el melón son muy refrescantes, pero el cuerpo nos pide más. ¿Qué hacemos? ¿Nos rendimos? ¿Bajamos a la máquina expendedora más cercana y nos volvemos locos comprando chocolatinas? ¿Nos damos un atracón de magdalenas industriales? ¿Nos bebemos, a morro, un bote de leche condensada?

Nooooo. En caso de crisis, echamos mano de la fruta deshidratada. Pasas, dátiles, ciruelas, orejones… Y en las tiendas de productos a granel suelen tener también frutas tropicales (como papaya y mango). Hay que consumirlas con moderación porque, aunque sea azúcar propio y no añadido, van bastante cargaditas, pero el proceso de deshidratación hace que mantengan todas las características nutricionales de las frutas frescas. Podemos comerlas sin más o, si no nos entusiasman, usarlas como ingredientes para otras cosas. ¿Alguien ha dicho trufas?

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Blondie de zanahoria y tahini (sin gluten y sin lactosa)

Lo que diferencia a los brownies (y a sus primos rubios, los blondies) del resto de los bizcochos es que con ellos no intentamos que sean esponjosos: intentamos que sean densos y jugosos, pero no pesados ni mazacotes. Hay que buscar un pastel lleno de sabor, que se derrita en la boca, no un bloque macizo con tropezones de nueces. El truco para conseguirlo suele ser coger una cantidad muy loca de mantequilla y batirla bien con el azúcar para que coja aire, pero ¿y si no quieres usar una cantidad muy loca de mantequilla en tus postres?

Pues hay alternativas, y algunas de ellas son incluso saludables. En esta receta, por ejemplo, utilizamos tahini, que es simplemente una pasta que se hace con semillas de sésamo trituradas y que la mayoría de la gente usa sólo para hacer hummus, pero que yo recomiendo muy mucho para experimentar en la repostería. Y utilizamos almendra molida. Y un poco de piña fresca. Y dos o tres cucharadas de sirope de arce para endulzar, que no son muchas pero se pueden aumentar si os parece necesario. Y zanahorias. Y unas pacanas, o cualquier otro fruto seco que os guste. Y si juntas todo esto acabas con un estupendo blondie de zanahoria y tahini (sin gluten y, ya que estamos, sin lactosa), poco habitual y de aspecto algo rústico, pero fabuloso para tomar solo o acompañado con un poco de helado de vainilla.

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Muesli sin gluten

Una de las primeras cosas que tuvimos que repensar cuando nos dijeron que el monstruito es celíaco fue el tema de los desayunos. En casa, a diario, desayunamos muesli casero, y los fines de semana solemos tomar tostadas o sándwiches. Los fines de semana los solucionamos rápido comprando para él pan de molde sin gluten (algún día me animaré a hacerlo en casa… pero aún no me he puesto a ello) pero lo del muesli me dio más quebraderos de cabeza, porque no quería utilizar los preparados comerciales (cargaditos de azúcar y aceites vegetales de dudosa procedencia) pero al principio no tenía ni idea de qué utilizar para sustituir los copos de avena.

Por lo que he ido descubriendo, la avena es un tema controvertido en el mundo glutenfree. Hay países (como EEUU) donde, aunque tiene gluten, no la consideran dañina para los celíacos, pero por aquí la tendencia es más conservadora y opina que hasta que no haya más pruebas científicas hay que retirarla de la dieta. Me hizo falta bucear un poco en foros y webs de recetas sin gluten hasta encontrar algo para reemplazarla: los copos de quinoa. Son algo más pequeños, pero tienen un sabor tostado muy interesante y no son difíciles de encontrar en tiendas gourmet y de productos ecológicos. Hay también copos de mijo, pero son diminutos y se desmenuzan tanto que no los vi prácticos para mi muesli; lo que sí compro, y al monstruito le encanta, es mijo y arroz inflado. El resto de la receta no tiene mucha ciencia (corn flakes sin gluten, frutos secos, semillas y fruta deshidratada): yo os dejo aquí las proporciones que nos gustan a nosotros y vosotros id jugando con los ingredientes hasta encontrar vuestra propia receta perfecta.

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Magdalenas de naranja y almendras (sin gluten)

No es casualidad que las últimas magdalenas que colgamos en el blog fuesen de naranja y éstas también lo sean: quería enseñarle al monstruito que, con o sin gluten, podemos seguir con nuestras recetas tan contentos como antes. Por ahora lo de la dieta restringida lo lleva muy bien: en el cole le hacen menú adaptado pero similar al de los demás niños, en casa comemos todos lo mismo y él sólo tiene distinto el pan (y el drama ahí lo monta la fierecilla, que quiere el mismo pan que su hermano) y en la primera fiesta de cumpleaños a la que fue desde el diagnóstico había miles de cosas que podía tomar, así que se puso las botas, como siempre. ¡Esperemos que todo siga así de bien!

¿Y la receta de hoy? Pues es fácil de hacer, con ingredientes que se pueden encontrar en cualquier cocina y el resultado son unas magdalenas muy esponjosas que, si se guardan en un bote hermético, aguantan bien un par de días. Y ya otro día me pondré a investigar sobre las harinas sin gluten…

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Bizcocho de plátano en el microondas

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Los mug cakes (es decir, bizcochos preparados en tazas y cocinadas en el microondas) están llenos de ventajas. La principal es que te permiten disfrutar de un dulce en cuestión de minutos, que es una cosa estupenda cuando te da un antojo por la noche, mientras ves la tele, o cuando les has prometido a los monstruitos que si recogen todos los juguetes sin protestar y sin tirárselos a la cabeza el uno al otro les darás un premio.

La desventaja es que a veces explotan en el microondas (un día tuve un incidente terrorífico con un bizcocho de arándanos) y que no son muy elegantes. Crecen a lo loco para desinflarse después, suelen desbordar la taza y dejarla llena de chorretones y tienen ese aspecto triste de la repostería hecha al vapor. Pero a mis monstruitos les da igual: éste de plátano, sin gluten, sin lactosa y sin azúcar añadido, lo corté en pedacitos y lo repartí en dos boles. ¡Y tan contentos! ¡El próximo día seguro que recogen aún más rápido!

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