Bizcocho de plátano y nueces con harina de garbanzos (sin gluten y sin lactosa)

Esta semana ha habido bastante revuelo en Twitter porque una nutricionista colgó una foto de su hijo comiendo garbanzos de desayuno. ¿Mi opinión? Creo que es muy triste que la gente se lleve las manos a la cabeza por ver a un niño alimentándose con algo sano, sea a la hora que sea. A mí lo que me parece un escándalo es ver a niños de cuatro años bebiendo refrescos de cola. O ver a niños de Educación Infantil que llevan de meriendita bollería industrial a diario porque “es que no le gustan los bocadillos” (porque de llevar fruta ya ni hablamos). O ver a bebés en las sillitas con bolsas de gusanitos más grandes que su cabeza. O ver cómo las papeleras de los parques infantiles están siempre llenas de paquetes vacíos de chocolatinas, caramelos, patatas fritas y zumos industriales. Eso, por lo visto, no le preocupa a nadie, aunque las tasas de obesidad infantil en el mundo occidental sean cada vez más altas y las enfermedades relacionadas con el sedentarismo y la (mala) alimentación se hayan disparado en los últimos años. Pero ¿una madre que le da legumbres a su hijo de desayuno? ¡A la hoguera con ella!

Mis hijos no desayunan garbanzos (los comen y los cenan un montón de veces), pero tampoco toman a diario productos ultraprocesados cargados de azúcar ni aceite de palma. A diario empiezan el día con una pieza de fruta, yogur natural y muesli casero (en casa tenemos siempre dos botes: versión normal y sin gluten) y los fines de semana, que nos los tomamos con más calma, sustituyen el muesli por pan con tomate, con aceite de oliva o con hummus, sándwich de crema de cacahuete y plátano, granola casera o un poco de tortilla. Y sí, a veces toman snacks o caramelos, pero si consigo que los cambien por un puñado de frutos secos o de repostería de la que hago yo, mejor. Como este bizcocho de plátano sin gluten, preparado con (no podía ser otra cosa) harina de garbanzos. ¿Qué puedo decir? Me encanta que mis hijos coman legumbres. Soy así de rara.

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Galletas saladas de harina de garbanzos (veganas y sin gluten)

Una de las cosas que más les gustan a mis niños son las “salsitas”, palabra con la que designan todas las cosas untables que llevamos a la mesa: hummus de todas las texturas y colores, patés vegetales varios, quesos, cremas de frutos secos o de chocolate… Si pueden hacer barcos con pan o con palitos de zanahoria, les vale. Así que el otro día decidí aprovechar que aún tenía en casa harina de garbanzos de la que molí para hacer las últimas galletas y preparar unos crackers sin gluten para darle una alegría al monstruito.

Los niños vinieron muy contentos a ayudarme con la masa. Yo pensé que al ser una receta muy fácil, y además vegana (vamos, que no había riesgo de intoxicación si se comían la masa cruda), no había posibilidad de drama culinario. ¡Error! ¡Con un monstruito y una fierecilla siempre hay posibilidad de drama culinario! Esta vez aprovecharon que salí medio segundo de la cocina para mejorar la receta añadiendo “un poquito más” de bicarbonato. Tuvimos que tirarlo todo y empezar de nuevo. Al final, con algo de retraso sobre el horario previsto, conseguimos docena y media de galletas crujientes, preparadas sólo con harina de garbanzos, aceite de oliva virgen, sal y hierbas aromáticas. ¡Perfectas para un poco de picoteo saludable!

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Galletas de chocolate con harina de garbanzos (sin gluten y sin lactosa)

¡Hace un montón de tiempo que no hacíamos galletas! Y mira que son una cosa fácil y agradecida, sobre todo las de chocolate: mezclar ingredientes, hacer montoncitos, hornear de 10 a 15 minutos y listo. Hay mil versiones, incluso si estás limitada a las harinas sin gluten, y eso las convierte en una receta muy buena para experimentar, y ya sabéis que a mí me encantan los experimentos en la cocina. Y engañar a mis hijos.

En realidad no sé por qué me gusta tanto meter ingredientes secretos en mis dulces, porque mis niños, por lo menos por ahora, comen casi de todo. Desde que dejaron los purés y las papillas los hemos sentado a comer con nosotros con el mismo menú que los adultos, y lo mismo te comen una menestra que un pescado al horno. Las legumbres les entusiasman, pero ¿no dicen siempre los nutricionistas que deberíamos consumirlas más? Pues hala, al postre también. ¿Recordáis el brownie con alubias? Pues hoy, galletas con harina de garbanzos. Podéis comprarla ya preparada (la hay en algunos hipermercados y en tiendas de productos biológicos) o, si tenéis una buena picadora, molerla vosotros mismos en casa. Con ella conseguiréis una docena de cookies estilo americano maravillosas, crujientes por fuera y blanditas por dentro. ¡Éxito garantizado!

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