Tarta de limón y merengue (sin gluten)

Todo empezó porque mi media naranja se fue a ver a sus padres y volvió con (entre otras cosas) un bote de lemon curd, una crema pastelera típica de Inglaterra que mi suegra había preparado porque tenía muchos limones y no quería que se le estropeasen. “¿Qué vas a hacer con ella?”, me preguntó mi media naranja. “¿Tú no vas a estar de cumpleaños en un par de semanas? ¿Y si te hago una tarta de limón para celebrarlo?”, sugerí. Le pareció una idea estupenda, así que busqué en Internet una receta que tuviese buena pinta, me fui de expedición a buscar ingredientes exóticos (¡almidón de tapioca! ¡fécula de patata! ¡goma xantana!) y horneé mi primera base de tarta sin gluten. ¿Y sabéis una cosa? Salió FATAL.

No sólo tenía un aspecto lamentable, es que además llevaba muchísima mantequilla y goteaba tanto por los bordes del molde como por el fondo desmontable: cuando la saqué del horno, la bandeja era una piscinita de mantequilla derretida. ¡Hala, a tirarlo todo y a volver a empezar! Para el segundo intento me dejé de ingredientes raros y busqué una opción con almendra molida, mi nueva mejor amiga. Encontré una receta fácil de hacer y que no requería horneado previo y, esta vez sí, pudimos disfrutar de una estupenda tarta de limón con merengue. Por cierto, mi suegra ya me ha dado dos botes más de lemon curd, así que contad con más recetas de éstas próximamente…

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Bundt cake de limón y tomillo

bizcocho limón y tomillo

El monstruito y yo hicimos un bizcocho. Hace tiempo que no me echaba una mano en la cocina (a veces pasa de mí y a veces soy yo la que no lo quiere cerca, porque no me interesa que vea los ingredientes secretos que pongo en las recetas), pero esta vez me ayudó entusiasmado a pesar todas las cosas (nunca tanto tardamos y nunca tanto manchamos con la harina) y a revolver la masa. Si le dejo, incluso me engrasa él el molde… pero tengo sentido común suficiente para decirle que eso ni lo intente, ¡que las manchas de mantequilla no son buenas de quitar!

Este bundt de limón y tomillo, muy veraniego, lo preparamos para una reunión familiar, y supongo que estaba bueno de verdad porque aunque había dos postres más nos lo comimos casi entero. Es fácil de hacer (¡a prueba de niños!); y mi único consejo es que no intentéis sustituir el tomillo fresco por el seco, porque no va a saber igual y no os va a aromatizar el bizcocho de la misma manera.

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Las 10 recetas más leídas de 2015

las diez recetas más leídas de 2015

¡Otro año que se acaba! Para nosotros ha sido un año especial, porque llegó nuestra fierecilla, que es un sol y la cosa más buena y más sonriente del mundo (supongo que los virus piensan lo mismo, porque lleva tres meses cogiéndose toda cuanta enfermedad pasa cerca de ella… en fin, cosas de bebés). El monstruito, que está hecho un chicarrón, ha dejado de lado su obsesión panarra y ahora está todo el día pidiendo bizcochos, galletas y magdalenas (lo que me obliga a cocinar ciertas cosas con nocturnidad y alevosía, porque si le dejo se pasa el día comiendo). ¡Quién nos lo iba a decir en marzo, cuando casi se negó a probar su riquísimo bizcocho de cumpleaños!

Y vosotros, queridos, no dejáis de sorprenderme. En las diez recetas que más os han gustado este año sólo hay una que lleva chocolate. Tres de ellas son sin azúcar. Varias son facilonas y sin horno (bueno, eso no me sorprende: ¡la vida moderna casi no nos deja tiempo de ni de cocinar!). Y la que más os ha gustado es ganadora indiscutible de este año y una de las recetas más vistas de toda la historia del blog. Y como estamos en época de listas y rankings, aquí os dejo la mía, por si os interesa. ¡Feliz 2016 a todos!

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Madeleines

madeleines

A los franceses hay tres cosas que se les dan fenomenal: las comedias, la repostería y los himnos nacionales. Maestros de los croissants y las crêpes, artistas de la crema pastelera y los macarons, genios de los brioches y las baguettes: dales un poco de mantequilla y un horno y conquistarán el mundo. ¿Y qué me decís de las madeleines? Estos bizcochitos con forma de concha, tiernos, exquisitos, son lo más delicado que podáis encontrar. Qu’elles sont délicieuses!

Sólo un apunte y ya os dejo con la receta (que además es facilísima): en los libros estadounidenses las madeleines, una vez horneadas, suelen tener la superficie plana, pero una madeleine francesa comme il faut tiene que tener un buen copete, como nuestras magdalenas de toda la vida. El truco para conseguirlo es hacer la masa con 12 horas de antelación y dejarla reposar en la nevera. Et voilà! (¡Eh! ¿A que tiene mucho mérito que haya sido capaz de escribir dos párrafos sobre madeleines sin mencionar a Proust para nada?)

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Blondie de limón

blondie de limón

¿No os pasa que hay comidas que os saben a verano? Las cerezas, los buenos tomates, los melocotones… ¡y el limón! Ya sé que estamos en el siglo XXI y lo podemos encontrar todo el año, pero yo siempre lo relaciono con el sol. Cuando era pequeña e iba a casa de mis tíos, al volver de la playa nos dábamos una ducha de agua fría (¡helada!) en una ducha exterior que tenían al lado de un limonero. Y cuando tengo limones de verdad, de los de casa, de los que hacen que huela rico toda la cocina, siempre me traen buenos recuerdos (lo mismo que le pasó a Proust con la magdalena, sólo que él escribió En busca del tiempo perdido y yo sólo os traigo una simple receta).

Por eso agradecí mucho que mi suegra me diese en una de nuestras últimas visitas “un par” de limones que eran en realidad una docena (mi suegra mola: sus “docenas” de huevos no suelen tener menos de 18, nos da tuppers de comida como para alimentar al ejército de Napoleón y la última vez que hizo flanes utilizó ¡19! yemas). Con (algunos de) los limones hice estos blondies: esponjosos, jugosos y tan llenos de sabor como sus primos los brownies.

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