Mermelada de manzana y semillas de chía

Hace un montón de tiempo que no preparaba mermelada, pero es que tengo de proveedora oficial a mi suegra y, hay que reconocerlo, a ella le salen mucho mejor que a mí. En otoño nos regaló (entre otras muchas) media docena de botes de mermelada de higos es-pec-ta-cu-lar. ¿Y por qué me pongo entonces a hacerla yo? Buena pregunta.

Llevamos unos meses un poco desmadrados, entre dulces navideños, tartas de cumpleaños y postres de Carnaval, así que me pareció que era buen momento para probar esta mermelada de manzana y semillas de chía, con muuuuucho menos azúcar que la receta tradicional pero muuuuucho más interesante que la compota…

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Mermelada de fresas y semillas de chía

¡Fresas! Me paso todo el año esperando a que llegue la temporada y en estos tres mesecillos me como todas las que puedo. Supongo que por eso mi media naranja, cuando el otro día se iba de recados y le pedí que me comprase unas pocas, me trajo a casa una bandeja de kilo y medio. Pero había más fruta en casa, a los niños no les entusiasman y tenía miedo de que se me pusiesen malas, así que decidí separar medio kilo y hacer un poco de mermelada.

Y como sigo con mi cruzada “más fruta y menos azúcar” decidí hacer un experimento que había visto algunas veces en Internet: sustituir parte del azúcar de la mermelada por semillas de chía, que como ya hemos comentado alguna vez se vuelven blandas y gelatinosas al mojarse. A nosotros nos encantó el resultado, aunque es cierto que (obviamente) sabe menos dulce de lo habitual. Probad y ya me diréis, ¡yo pienso repetir!

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Napolitanas de chocolate (con masa de hojaldre casera)

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La culpa de todo fue del Great British Bake Off, que es un concurso maravilloso de la BBC donde una docena de británicos con pinta de ser gente de lo más normal hacen auténticas proezas reposteras como si tal cosa. Croque-en-bouches, macarons, tartas sacher… ¡hasta masa filo! Y son gente tan sencilla, y hacen que todo parezca tan fácil, que yo me crecí. Y decidí que si ellos son capaces de hacer el hojaldre tan alegremente, yo también podía. ¿Y sabéis una cosa? No, no puedo.

La teoría no es difícil, pero se ve que algo no hice bien durante el amasado, porque en el paso final te tiene que quedar un cuadrado de masa y yo tenía más bien un rectángulo mutante. Eso sí, yo seguí adelante con mi receta, porque con el trabajo que me había dado no iba a tirarlo todo y empezar de cero. Preparé con ella croissants y napolitanas, y os dejo aquí la receta de las segundas porque, la verdad, los primeros me salieron un poco tróspidos. No son las napolitanas más hojaldradas del mundo, pero estaban muy ricas y en casa me las celebraron mucho. De todas formas, no vuelvo a intentar hacer hojaldre. Primero, porque ahora estoy centrada en la repostería “saludable”, y esto es una bomba de mantequilla; y segundo, porque está claro que no es lo mío. ¡La semana que viene volvemos a las cosas integrales, sencillas y con ingredientes secretos y sanos!

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Galletas de mantequilla de cacahuete y mermelada

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Sí, me gustan las galletas de mantequilla de cacahuete. Me gusta su sabor tostado, que sean esponjositas por dentro y su aspecto rústico. Me gusta que siempre resulten muy fáciles de preparar. Me gusta el olor que dejan en la cocina. De hecho, me gustan tanto que ésta es la cuarta receta que pongo en el blog: ya habíamos hecho las versiones clásica, con nubes y gigante. ¡Y aún nos falta la versión con chocolate!

¿Y ésta? Ésta es una versión estupenda. ¿Nunca os habéis fijado que en las pelis estadounidenses los niños siempre llevan en sus fiambreras sándwiches de mantequilla de cacahuete y mermelada? Eso, queridos, es porque es una combinación ganadora. Y si no me creéis, probad a hacer estas galletas…

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Mermelada de frutos del bosque

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Ya os lo dije: ahora que he descubierto que las mermeladas son tan fáciles de hacer no voy a volver a comprar una. Preparar, envasar, comer y, cuando se termine, repetir. Y cuando se nos acabó la de ciruelas… bueno, ya sabéis que me vuelven loca los frutos del bosque, ¡no tuve ni que pensármelo!

Además, al elegir yo los ingredientes, puedo controlar las cantidades que pongo, y no me refiero sólo a la proporción azúcar/fruta: esta confitura lleva muchísimas frambuesas, muchos arándanos, bastantes moras y algunas grosellas. Si estuviéramos en temporada primavera-verano le hubiera añadido fresas también, pero a estas alturas del año me da pereza comprar una fruta que está tan fuera de temporada.

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