Natillas caseras

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Pobres natillas. Son uno de los postres más ricos del mundo, ¡pero son tan poco fotogénicas! Cremosas, sedosas y dulces… pero ¿quién se va a fijar en ellas cuando tienen al lado una mousse de chocolate con nata, una tarta de frutas o una enorme copa de helado? Así que me autonombro, en este mismo momento, defensora de las natillas: postre tradicional (que no viejuno) y maravilloso en su simpleza y sencillez. Dejémonos de sabores nuevos y exóticos: que si chocolate, que si café, que si historias… ¡recuperemos las natillas de nuestras abuelas!

Eso sí, como pasa con todas las recetas tradicionales en cada casa se hacen de una manera. Hay quien les pone maicena para espesarlas, quien infusiona un palo de canela en la leche y quien las adorna poniéndoles encima una galleta. Yo os cuento cómo las hago yo (lo mezclo todo a lo loco, caliento y revuelvo), y luego ya vais vosotros y le preguntáis a vuestra madre cómo las hacía ella, ¿vale?

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