Galletas de jengibre (veganas y sin gluten)

Llevo tanto tiempo con ganas de hacer estas galletas, un clásico navideño de la repostería estadounidense, que las recetas que tenía guardadas eran todas con gluten, así que tuve que ponerme otra vez a bucear por Internet para buscar una versión que pudiese comer el monstruito. Elegí ésta porque es muy fácil de preparar y nos salieron muy ricas: son unas galletas crujientes y especiadas, perfectas para acompañar una bebida caliente. Pero, ¿sabéis cuál es la mejor parte? ¡Decorarlas! La tradición dicta que estas galletas de hacen en forma de personitas que luego se decoran con glaseado de colores. Aquí ya sabéis que las tradiciones las cumplimos siempre a medias, así que les dimos forma de animales y, para que los niños pudiesen echar una mano, compré unos lápices pasteleros con glaseado ya preparado. El monstruito se puso muy artístico y todas sus galletas acabaron multicolores; la fierecilla, más práctica, se limitó a hacer montañas de glaseado encima de cada galleta para comérselas después de dos bocados. Vamos, que no sólo están ricas, sino que además sirven para tener a los niños entretenidos un buen rato, ¿qué más se le puede pedir a una galleta?

Por cierto, la semana que viene no habrá receta nueva: haremos el repaso de las 10 recetas que más os han gustado en 2017. Mientras, ¡felices fiestas a todos!

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Turrón de chocolate… a mi manera

rocky road - turrón de chocolate def

Por si os lo estáis preguntando, “a mi manera” significa con dos tipos distintos de chocolate, frutos secos, galletas troceadas, arándanos y nubes. ¡Y no añado arroz inflado y gominolas porque tampoco hay que abusar! La inspiración para semejante bomba me llegó de la mano de Nigella y su rocky road navideño (¿os acordáis de los rocky roads, los bombones de nubes y nueces? Pues lo mismo, pero con más cosas): cambié las proporciones, adapté los ingredientes a mis gustos y busqué un molde (que, a todas luces, era demasiado pequeño, así que mi turrón quedó altísimo y un poco tosco, para que nos vamos a engañar).

Conste que normalmente soy bastante intransigente con las innovaciones en las recetas navideñas. Por ejemplo, creo que rellenar un roscón con crema de chocolate debería conllevar pena de cárcel. Pero un paseo por el supermercado deja claro que el turrón de chocolate es la excepción que confirma la regla: ahí está permitido tomarse todas las libertades del mundo, ¡y yo no voy a ser menos!

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