Pan rústico (sin gluten)

¡Ay, el pan sin gluten! No hay manera de encontrar por ahí uno rico. Nos recomendaron unas barritas que venden precocinadas y congeladas y que se suponía que eran casi casi como el pan de harina de trigo de toda la vida. Compramos una llenos de fe… y resulta que es casi casi como el típico pan gomoso y chicloso de gasolinera. Un horror. Con el pan de molde sí hemos dado con alternativas aceptables (a precio de oro y con unas rebanadas ridículamente pequeñas, pero algo es algo), pero las barras y las hogazas decentes siguen siendo tan difíciles de encontrar como los unicornios.

Eso me obliga a experimentar mucho en casa y a tener la despensa llena de harinas distintas para combinarlas buscando una miga que no se desmenuce sólo con tocarla y una corteza un poco digna, así que cuando encuentro recetas facilonas como ésta, que sólo piden un poco de cariño y paciencia, me pongo muy contenta. ¡Mirad que rebanadas de pan más estupendas! ¿No os parece que están pidiendo a gritos un poco de aceite de oliva, tomate y jamón?

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Cornbread con romero y aceite de oliva (sin gluten)

En esta cocina ya hemos hecho cornbread alguna vez: este pan de maíz es una receta tradicional de Estados Unidos, típico del sur del país, a medio camino entre el pan de molde y el bizcocho. En el sur se prepara, tradicionalmente, con grasa animal y sin endulzantes; en el norte son más de ponerle mantequilla y azúcar suficiente para ponerles casas a media docena de dentistas.

Aunque la harina de maíz es uno de los ingredientes principales de la receta, habitualmente lleva también harina de trigo para facilitar el horneado. Yo he utilizado un preparado sin gluten y, para darle un toque especial, he sustituido la mantequilla por aceite de oliva virgen, que además de hacerlo muy jugoso le da un sabor muy especial. Un poco de romero fresco para rematar la jugada y conseguimos una versión esponjosa y jugosísima, seguramente poco tradicional pero absolutamente deliciosa.

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Panecillos de semillas (sin gluten y sin lactosa)

Ya sabéis que desde que tengo que cocinar sin gluten el pan ha sido siempre mi bestia negra. He hecho ya media docena de experimentos, y sólo tres han terminado en el blog: un pan de frutos secos y semillas, una focaccia y unos bollitos con semillas de chía que a mí me parecieron bastante normalitos pero al monstruito le encantaron. El resto de intentos… fracaso total. Normalmente acabo con panes totalmente insípidos o panecillos que se podrían utilizar como balas de cañón. Y las masas son inmanejables: pegajosas, poco elásticas y con tendencia a romperse por los sitios más insospechados. Vamos, que lo de hacer pan me tenía muy frustrada. ¡Hasta ahora!

Casi no puedo creer que diga esto, pero he encontrado por fin una receta fácil de hacer y con la que consigo unos bollitos estupendos. Con su corteza, con su miga esponjosa, con su sabor a pan. Con una masa que no hace que me quiera suicidar a la hora de bolearlos. Con semillas también, para darles vidilla. Perfectos para el desayuno y también para untar en salsas. ¡Ay, qué contenta estoy con estos panes!

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Focaccia sin gluten

Hoy me vais a permitir que me ponga un poco ñoña, pero acabo de cambiar de trabajo y echo mucho de menos a mis antiguos compañeros. En el despacho nuevo me han acogido con los brazos abiertos (y una paciencia de santos, cosa que agradezco porque soy un poco torpe), pero llevaba ocho años en mi antiguo puesto y a estas alturas ya nos queremos todos mucho. No tengo más que buenas palabras para ellos, que siempre se portaron fenomenal conmigo, hasta el último día, que de regalo de despedida me trajeron a la oficina una enorme maceta de plantas aromáticas. ¿No os parece un detalle precioso? Romero, tomillo, estevia, salvia y curry. Qué majos son. Y una mariposa y una rana decorativas. Qué detallazo. Y la maceta es de cerámica. Qué monos. Y grandecita. Qué simpáticos. Y cuando digo grandecita, quiero decir unas dos toneladas de peso y el diámetro de una plaza de toros. Por cierto, ¿os he dicho ya que yo a mi antiguo trabajo iba y venía en bus todos los días? ¿Una hora de trayecto? ¿UNA HORA de trayecto que tuve que hacer con la dichosa maceta en mi regazo? Empiezo a pensar que mis ex compañeros en realidad ni son tan majos ni me quieren tanto como dicen…

El caso es que ahora tengo mogollón de plantas aromáticas en la cocina y tengo que utilizarlas rápido antes de que llegue la típica plaga bíblica y me las fulmine a todas. Estrené la maceta el otro día preparando de cena unos gnocchi salteados con mantequilla y salvia, y hoy os traigo una receta de focaccia sin gluten con romero. Dedicada, con muchos besos y muchos mimos, a mis ex compañeros. A pesar del viaje en bus con la maldita maceta.

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Pan sin gluten con frutos secos y semillas


Gentes, no me diréis que no han sido un par de meses interesantes. Diez semanas en las que, además de tener la limitación de tener que cocinar sin gluten, nos hemos unido al reto #70DíasSinAzúcar y hemos preparado sólo recetas sin azúcar añadido. Y hemos demostrado que hay vida más allá de la macedonia de frutas, preparando batido, bizcocho, tortitas, trufas, crackers, magdalenas, gofres, helado y gachas. A partir de ahora volveremos a las cantidades moderadas de azúcar. Mientras, aquí os dejo la última receta del reto. Pan sin gluten. Mi nueva bestia negra.

Porque a la masa de pizza ya le he pillado el punto (si os portáis bien os cuento algún día cómo la hago), pero al pan-pan todavía no. Al monstruito le da igual, que él es muy agradecido y se come muy contento sus panes industriales, pero yo quiero hacer cosas muy ricas, saludables y caseras para él. ¡Y voy mejorando! Este pan que os traigo hoy, cargadísimo de frutos secos y semillas, es genial para unas tostadas mañaneras y está delicioso con queso o, simplemente, con aceite y tomate. La miga es muy densa, por lo que recuerda un poco a los panes alemanes de centeno. ¡Sin gluten, pero con mucho sabor!

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