Tres formas de hacer puré de calabaza para repostería

puré de calabaza

No sé si os habéis fijado, pero casi todas las recetas con calabaza en este blog empiezan con la siguiente instrucción: “Cocemos la calabaza (en agua o al vapor, en olla o al microondas, como os sea más cómodo), la escurrimos bien y la machacamos con un tenedor hasta hacer un puré con ella. Dejamos que enfríe.”

Eso es porque la mayoría de recetas estadounidenses utilizan puré de calabaza, que allí se vende enlatado en los supermercados. Aquí es casi imposible de encontrar (salvo en tiendas especializadas), y además no vale la pena comprarlo: es facilísimo de hacer en casa y sale mucho mejor. Yo lo que hago últimamente es, a principios de temporada, preparar un montón y congelarlo en cómodas racioncillas que luego voy utilizando a lo largo del otoño-invierno, así ya lo tengo listo cuando quiero ponerme a cocinar. Por si os apetece intentarlo, aquí os dejo tres formas de hacerlo.

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Diferencias entre ingredientes

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¿Alguna vez os ha pasado que haciendo un bizcocho os dais cuenta a medio camino que no os queda levadura química, sólo bicarbonato de soda… y lo echáis igual, a ver qué pasa? Mi experiencia personal es que lo que pasa es que el bizcocho sale del horno como si le hubiera pasado una apisonadora por encima… ¡y no sabéis la rabia que me da que me salgan mal las cosas en la cocina!

Por eso os voy a dejar aquí una lista explicando las diferencias entre algunos ingredientes, por si os sirve de ayuda. Y si queréis saber cómo sustituir algunos de ellos, echad un ojo a este otro post donde os cuento mis truquillos.

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Cómo leer e interpretar una receta de cocina

cómo leer una receta

Hace años un amigo me pidió que le hiciera una tarta para su fiesta de cumpleaños. Me encanta que mis amigos confíen en mí para estas cosas, así que me lancé a derretir mantequilla, batir huevos y picar chocolate. Metí la masa en el horno, esperé, desmoldé… y la “tarta” empezó a desmoronarse poquito a poquito. Disimuladamente, como si la cosa no fuera con ella. Yo había utilizado mi receta preferida, y no acababa de entender cuál era el problema… hasta que hice un repaso mental y descubrí que me había olvidado de echarle la harina.

¿Alguna vez os ha pasado algo parecido? ¿O en mitad de una receta os disteis cuenta de que no teníais huevos en casa y tuvisteis que bajar al supermercado con la camiseta del pijama –ejem- debajo del abrigo? ¿O dijisteis: “voy a cambiar el cacao por chocolate en trocitos, que seguro que da igual”? ¿O soy yo la única a la que pasan esas cosas? Por si las moscas, os dejo aquí unos trucos para leer e interpretar una receta de cocina… para no liarla parda.

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Cómo sustituir buttermilk y otros ingredientes difíciles de encontrar

sustituir buttermilk

¿Os pasa como a mí, que os volvéis locas buscando el buttermilk en la sección de lácteos de vuestro supermercado? ¿El cremor tártaro os suena a ingrediente de poción mágica? ¿Estáis hartas de recetas estadounidenses que piden shortening?

A veces no hay nada que hacer y nos quedamos sin probar una receta porque nos falta un ingrediente esencial. Pero otras veces se puede hacer un apañito casero para reemplazarlo: aquí os dejo mis trucos para sustituir rarezas.

(Iré actualizando la lista según se me vayan ocurriendo soluciones a mis problemillas de repostería.)

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