Tarta de Guinness

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Sí, ya sé que últimamente parece que no preparo más que tartas, pero sólo soy una víctima de las circunstancias. Primero tuve que hacer una para el Día de Pi, luego otra para el cumpleaños de mi monstruito y ésta la preparé para un cumpleaños de hombretones (a saber: mi media naranja y uno de nuestros mejores amigos). Prometo hacer propósito de enmienda y pasarme un par de meses sin hacer ninguna.

En todo caso, ésta es fantástica. A diferencia de otras tartas de Guinnes que he probado por ahí, el bizcocho no es nada denso, sino que es muy esponjoso (de hecho, la tarta creció tanto en el horno que casi se me desborda del molde), y la cobertura de queso también es más ligera de lo habitual, porque lleva nata en lugar de mantequilla. Vamos, que éste es uno de esos pasteles que se te derriten en la boca. Llevaba un año prometiendo que iba a hacer esta tarta, las expectativas estaban por las nubes… y aunque salió una tarta lo suficientemente grande para alimentar a un ejército, nos comimos la mitad de una sentada. ¿Hay algo más que decir?

Tarta de chocolate y cerveza Guinness

(Para un molde redondo de 23 centímetros)

250 ml de cerveza Guinness
250 gramos de mantequilla (a temperatura ambiente)
75 gramos de cacao en polvo
400 gramos de azúcar
150 ml de yogur natural
2 huevos (a temperatura ambiente)
½ cucharadita de esencia de vainilla
275 gramos de harina
2 cucharaditas y media de bicarbonato de soda
250 gramos de queso de untar (tipo Philadephia, y no vale la versión light)
125 gramos de azúcar glas
100 gramos de nata para montar (no, no vale la versión para cocinar o la cobertura os quedará líquida y escurridiza)

  1. Ponemos en un cazo la cerveza y la mantequilla troceada y lo calentamos, removiendo, lo justo para que se derrita la mantequilla. Lo separamos del fuego y dejamos que enfríe un poco.
  2. Agregamos el cacao y el azúcar y revolvemos bien con unas varillas para que no queden grumos.
  3. Batimos juntos los huevos, el yogur y la esencia de vainilla, y lo añadimos al cazo, removiendo hasta obtener una mezcla homogénea.
  4. Agregamos poco a poco la harina y el bicarbonato de soda mientras vamos mezclando con una espátula para que queden bien incorporados.
  5. Vertemos la masa en un molde previamente engrasado y/o forrado con papel vegetal y la horneamos a 180ºC durante una hora. Dejamos que la tarta enfríe de todo antes de desmoldarla (para que no se rompa al sacarla) y ponerle la cobertura (para que no se derrita).
  6. Para hacer la cobertura, batimos un poco la crema de queso para ablandarla. Tamizamos encima el azúcar glas (imprescindible para evitar los siempre antiestéticos grumitos) y batimos un par de minutos con una batidora eléctrica de varillas. Añadimos la nata y continuamos batiendo hasta obtener una consistencia que nos permita extenderla con una espátula. Por cierto, esta vez no se trata de obtener una superficie lisa e inmaculada, ¡sino de imitar la espuma en una pinta de Guinness!

(Encontré inspiración en el libro Feast, de Nigella Lawson)

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