Granola de canela y cardamomo

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El monstruito y yo intentamos hacer granola de crema de cacahuete. ¡Qué drama! La primera versión resultó un engrudo pegajoso, inmanejable e intragable. A la basura. La segunda tenía mejor pinta, pero se carbonizó en el horno en cuestión de minutos (un misterio digno de Cuarto Milenio, porque la temperatura estaba bastante baja y después del primer fracaso estábamos bastante pendientes de ella). A la basura también. Vamos, que llevábamos unos días desayunando muesli, que es muy sano y no requiere horneado.

Pero los fines de semana nos gusta mimarnos y preparar desayunos especiales, así que, inasequibles al desaliento, volvimos a la carga. Eso sí, con una nueva receta, muy fácil y muy rica, y con nuestros viejos amigos la canela y el cardamomo, que ya sabéis que funcionan muy bien juntos (¿alguien ha dicho kanelbullar?). ¡Y esta vez nos salió fenomenal!

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Granola de manzana

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Una cosa maravillosa de la granola es que puedes hacer mil versiones adaptándolas a tus gustos o, simplemente, a las cosas que tengas en la despensa. Puedes echar una mezcla loca de frutos secos y semillas o poner sólo uno o dos tipos de cada cosa e ir variando con cada remesa para disfrutar cada vez de un desayuno totalmente nuevo.

¿Y ésta, con manzana y especias? ¡Ésta está TAN RICA! La mejor manera de empezar el día… o de picotear a escondidas cuando no me ven los niños (¡porque si me ven, me piden!). La tengo guardada en un recipiente hermético y cada vez que paso cerca, si no hay testigos, me como un puñado. ¡Es un vicio!

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Barritas de avena con manzana y plátano

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¿No os dije que iba a buscar una receta de barritas de cereales que no fuesen una bomba azucarada? Pues aquí las tenéis: sabrosas, jugosas, integrales, veganas y sin azúcar añadido. Y sin embargo, son bastante dulces… ¿cuál es el secreto? Ninguno especial, sólo he echado mano de los sospechosos habituales en este tipo de recetas: compota de manzana, plátano y dátiles. Por cierto, ésta es la primera vez que los dátiles hacen su aparición en el blog (normalmente me los como sin más), pero me parece que van a convertirse en uno más de la familia. Eso sí, con sentidiño (como decimos en mi tierra), porque por mucha fruta que sean tienen entre un 60% y un 70% de azúcar…

Ya sabéis que las barritas las preparé principalmente para que el monstruito las lleve de merienda al cole y él, avezado pinche de cocina, está entusiasmado con ellas. Cuando no está intentando robar dátiles me las está pidiendo todo el tiempo. La receta es muy fácil de hacer: lo único que requiere una preparación previa es la compota, el resto sólo hay que trocearlo y revolverlo antes de ponerlo en una fuente y hornearlo. Además, se pueden congelar para ir consumiéndolas poco a poco. Vamos, ¡un puntazo!

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Granola de plátano y quinoa

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No sé si se nota mucho, pero este otoño estoy muy a tope con las recetas de cereales de desayuno caseras. He descubierto que son muy fáciles de hacer y mucho más ricas y equilibradas que las que venden en los supermercados, así que me paso el día experimentando con copos de avena y nueces varias. Y mi familia, feliz: el monstruito viene todas las mañana a la cocina a asegurarse de que su bol de muesli tiene ración suficiente de frutos secos -y alguna fruta deshidratada- y mi media naranja va probando (y aprobando) todos mis inventos.

Y como otra de mis manías, últimamente, es recortar el consumo de azúcar en casa, tenía que probar esta receta de granola, que utiliza plátano para endulzar y pegotear los ingredientes, y quinoa para darle un toque crujiente. ¿Que qué es la quinoa? Pues un estupendo pseudocereal lleno de proteínas vegetales y aminoácidos que antes era un poco difícil encontrar pero que ahora se vende incluso en el super, en la zona de los arroces. Fácil de hacer, equilibrado y rico. ¿Qué mejor manera de empezar el día?

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Desayuno de avena con frutas (overnight oats)

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Si os pasa como a mí, que madrugáis tanto que parte del desayuno lo tenéis que tomar en el trabajo, os va a encantar esta receta, porque se prepara en un par de minutos y se puede llevar a cualquier parte. Los overnight oats son copos de avena que se preparan dejándolos a remojo toda la noche en una mezcla de leche y yogur, a los que se pueden añadir frutas, semillas, frutos secos y otros cereales. Son la versión estadounidense (y vaga) de las tradicionales gachas de avena británicas (porridge), pero aquí no hay ni que cocinarlas: se mezcla todo el día anterior, se mete en la nevera y listo. Por cierto, la única traducción que he encontrado de overnight oats es “copos de avena remojados”, que a mí me suena a “perro peludo abandonado bajo la lluvia”, así que me he tomado la libertad de rebautizarlos así. Proactiva que es una.

Otra cosa: las semillas de chía. Seguro que habéis oído hablar de ellas: que si son un “superalimento”, que si adelgazan, que si curan el cáncer, que si son milagrosas, que si caminan sobre las aguas… Bobadas. Son semillas, y como todas las semillas, son una buena fuente de fibras, vitaminas y minerales (por eso a mí me gusta ponerlas en mis recetas), pero ya está. Lo que las hace especiales es que si las dejas unas horas a remojo, se vuelven gelatinosas y hacen más cremoso nuestro desayuno de copos de avena. En todo caso, si no os resultan fáciles de conseguir, preparad la receta sin ellas, que va a estar rica igual.

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