Granola de quinoa y chocolate (sin gluten y vegana)

Tenía que empezar el año con una receta de cereales de desayuno. Ya me conocéis: uno de mis momentos preferidos de la semana es levantarme con calma el sábado y el domingo, preparar algo rico y disfrutarlo en familia. Traducción simultánea: “con calma” quiere decir que mis hijos se cuelan en mi cama y me obligan a salir a mí para esquivar sus guerras territoriales; “algo rico” significa un desayuno para los adultos y, normalmente, otro para ellos (que están obsesionados con los sándwiches de crema de cacahuete y plátano); y “disfrutarlo” significa intentar que la fierecilla, que come a una velocidad de vértigo, no me robe mi desayuno una vez que se ha terminado el suyo. Bueno, eso, lo que es una mañana tranquila y normal en una familia con dos niños pequeños.

Ésta versión sin gluten de la granola es muy fácil de hacer (trocear, mezclar, hornear y listo) y, como todas, está riquísima. Si no encontráis la quinoa inflada podéis sustituirla por arroz inflado (y el sirope de arce por miel). Se conserva sin problemas en un bote hermético y se puede tomar con leche, con yogur o, si no hay testigos que puedan juzgaros, a cucharadas desde el recipiente. ¡Perfecta para un tranquilo y normal desayuno del fin de semana!

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Galletas de jengibre (veganas y sin gluten)

Llevo tanto tiempo con ganas de hacer estas galletas, un clásico navideño de la repostería estadounidense, que las recetas que tenía guardadas eran todas con gluten, así que tuve que ponerme otra vez a bucear por Internet para buscar una versión que pudiese comer el monstruito. Elegí ésta porque es muy fácil de preparar y nos salieron muy ricas: son unas galletas crujientes y especiadas, perfectas para acompañar una bebida caliente. Pero, ¿sabéis cuál es la mejor parte? ¡Decorarlas! La tradición dicta que estas galletas de hacen en forma de personitas que luego se decoran con glaseado de colores. Aquí ya sabéis que las tradiciones las cumplimos siempre a medias, así que les dimos forma de animales y, para que los niños pudiesen echar una mano, compré unos lápices pasteleros con glaseado ya preparado. El monstruito se puso muy artístico y todas sus galletas acabaron multicolores; la fierecilla, más práctica, se limitó a hacer montañas de glaseado encima de cada galleta para comérselas después de dos bocados. Vamos, que no sólo están ricas, sino que además sirven para tener a los niños entretenidos un buen rato, ¿qué más se le puede pedir a una galleta?

Por cierto, la semana que viene no habrá receta nueva: haremos el repaso de las 10 recetas que más os han gustado en 2017. Mientras, ¡felices fiestas a todos!

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Batido de mango, plátano y mandarinas

Supongo que estaréis pensando que hay que estar muy desquiciada para andar publicando recetas de batidos tropicales en pleno diciembre, pero qué queréis que os diga… mis hijos están enganchados. Los fines de semana nos sentamos todos juntos a desayunar a lo grande y nunca falta o un bol de fruta troceada o un batido. De todos los que hago, éste es su favorito, porque les encanta el mango (¡como a su mamá!). Como además es una fruta que está en temporada, como la mandarina, nos salen riquísimos.

Así que, aunque ya sé que hace más tiempo de chocolate a la taza que de batidos y smoothies, yo os propongo que empecéis la mañana con uno como éste. ¡Ya veréis cómo empezáis el día mucho más contentos!

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Barritas energéticas de quinoa y plátano (veganas, sin gluten y sin azúcar añadido)

El otro día intenté hacer barritas de muesli sin gluten. Busqué una receta con buena pinta y, siguiendo las instrucciones concienzudamente, junté un montón de granos de quinoa inflados, frutos secos, semillas y arándanos deshidratados. Después, los mezclé con la correspondiente cantidad de miel derretida, los aplasté bien en un molde, los horneé y los dejé enfriar. Y cuando los fui a desmoldar, el bloque entero se desintegró. Vamos, no es que desapareciese delante de mis ojos, es que se desmenuzaba cada vez que lo tocaba o intentaba cortar un trozo. Como barritas, un desastre, y como granola, llevaba tanta miel (para que quedase bien pegado, manda narices) que ni siquiera estaba rico. Fracaso total.

Pero yo estaba empeñada en hacer unas barritas para que el monstruito llevase al cole, porque no hay cosa que le guste más que llevar un poco de repostería casera para la meriendita de media mañana. Así que busqué otra receta, completamente distinta, y esta vez sí que salió bien. ¡Y el monstruito, feliz, que es de lo que se trata!

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Focaccia sin gluten

Hoy me vais a permitir que me ponga un poco ñoña, pero acabo de cambiar de trabajo y echo mucho de menos a mis antiguos compañeros. En el despacho nuevo me han acogido con los brazos abiertos (y una paciencia de santos, cosa que agradezco porque soy un poco torpe), pero llevaba ocho años en mi antiguo puesto y a estas alturas ya nos queremos todos mucho. No tengo más que buenas palabras para ellos, que siempre se portaron fenomenal conmigo, hasta el último día, que de regalo de despedida me trajeron a la oficina una enorme maceta de plantas aromáticas. ¿No os parece un detalle precioso? Romero, tomillo, estevia, salvia y curry. Qué majos son. Y una mariposa y una rana decorativas. Qué detallazo. Y la maceta es de cerámica. Qué monos. Y grandecita. Qué simpáticos. Y cuando digo grandecita, quiero decir unas dos toneladas de peso y el diámetro de una plaza de toros. Por cierto, ¿os he dicho ya que yo a mi antiguo trabajo iba y venía en bus todos los días? ¿Una hora de trayecto? ¿UNA HORA de trayecto que tuve que hacer con la dichosa maceta en mi regazo? Empiezo a pensar que mis ex compañeros en realidad ni son tan majos ni me quieren tanto como dicen…

El caso es que ahora tengo mogollón de plantas aromáticas en la cocina y tengo que utilizarlas rápido antes de que llegue la típica plaga bíblica y me las fulmine a todas. Estrené la maceta el otro día preparando de cena unos gnocchi salteados con mantequilla y salvia, y hoy os traigo una receta de focaccia sin gluten con romero. Dedicada, con muchos besos y muchos mimos, a mis ex compañeros. A pesar del viaje en bus con la maldita maceta.

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