Helado de piña y fresa (vegano y sin azúcar añadido)

La gente que dice que no le gusta la fruta se merece una colleja. Bueno, no, porque la violencia es cosa fea, ¡pero no me digáis que no es para desesperarse! Hay tropecientos tipos de fruta, que además van cambiando a lo largo del año para que no nos aburramos, y millones de formas de prepararla. Yo entiendo que si sólo comes plátanos y bebes zumos de naranja de tetrabrick (por cierto, recordatorio: los zumos NO equivalen a una pieza de fruta) acabes hasta el moño, pero ¿y si la sirves en forma de batidos, compotas, polos, bocadillos, ensaladas…?

Y con los niños, lo mismo: si les das siempre una manzana cortada en gajos van a aborrecerla (y pongo este ejemplo porque el 90% de las veces que un menú escolar pone “fruta” de postre quiere decir “manzana en gajos”). Si la disfrazas o la promocionas con un poco de cariño les va a resultar mucho más apetecible. Los míos, por ejemplo, se volvieron locos con este helado casero, preparado con sólo dos ingredientes: piña y fresa.

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Gachas de quinoa (porridge)

Un desayuno que me hago yo a veces y que me encanta son las gachas de avena, el mítico porridge inglés que desayunan siempre los protagonistas de los libros de Enid Blyton. Si las sirves así, sin más, son una cosa fea y tristona, pero si les das un poco de vidilla (fruta troceada, cacao en polvo, sirope, dátiles, crema de cacahuete…) se vuelven un plato lleno de posibilidades. ¿El problema? El gluten. ¡Con lo que le gusta al monstruito robarme parte de mi desayuno cuando es distinto al suyo! Si los dos tenemos tostadas, o sándwich, no hay problema, pero si cada uno tiene una cosa diferente le encanta comerse un poquito del mío. Así que tuve que buscar una versión sin gluten.

Tras preguntar a San Google, la sustituta de la avena estaba clara: la quinoa. No tiene un sabor tan suave como el de la avena, pero con los ingredientes adecuados es una alternativa estupenda. Tenemos dos opciones: utilizar el grano entero o cocinarla directamente en copos. Si elegimos por los copos, las gachas se preparan en cinco minutos, que es una ventaja importante para los días que vamos con prisas o nos levantamos muy hambrientos. Si usamos los granos de quinoa enteros, hay que dejarlos cocer un cuarto de hora, que es más rollo, pero también es cierto que son mucho más baratos que los copos. Yo suelo usar copos de quinoa, porque la textura se parece más al porridge clásico. ¡Ya me contaréis qué hacéis vosotros!

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Galletas saladas de harina de garbanzos (veganas y sin gluten)

Una de las cosas que más les gustan a mis niños son las “salsitas”, palabra con la que designan todas las cosas untables que llevamos a la mesa: hummus de todas las texturas y colores, patés vegetales varios, quesos, cremas de frutos secos o de chocolate… Si pueden hacer barcos con pan o con palitos de zanahoria, les vale. Así que el otro día decidí aprovechar que aún tenía en casa harina de garbanzos de la que molí para hacer las últimas galletas y preparar unos crackers sin gluten para darle una alegría al monstruito.

Los niños vinieron muy contentos a ayudarme con la masa. Yo pensé que al ser una receta muy fácil, y además vegana (vamos, que no había riesgo de intoxicación si se comían la masa cruda), no había posibilidad de drama culinario. ¡Error! ¡Con un monstruito y una fierecilla siempre hay posibilidad de drama culinario! Esta vez aprovecharon que salí medio segundo de la cocina para mejorar la receta añadiendo “un poquito más” de bicarbonato. Tuvimos que tirarlo todo y empezar de nuevo. Al final, con algo de retraso sobre el horario previsto, conseguimos docena y media de galletas crujientes, preparadas sólo con harina de garbanzos, aceite de oliva virgen, sal y hierbas aromáticas. ¡Perfectas para un poco de picoteo saludable!

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Trufas de chocolate y nueces (veganas y sin azúcar añadido)

Vale, llevamos ya varias semanas de nuestro reto de #70DíasSinAzúcar y aunque empezamos muy bien (mucha fruta, mucha agua fresca, mucha salud en general) empezamos a tener mono de dulce. Que sí, que la sandía y el melón son muy refrescantes, pero el cuerpo nos pide más. ¿Qué hacemos? ¿Nos rendimos? ¿Bajamos a la máquina expendedora más cercana y nos volvemos locos comprando chocolatinas? ¿Nos damos un atracón de magdalenas industriales? ¿Nos bebemos, a morro, un bote de leche condensada?

Nooooo. En caso de crisis, echamos mano de la fruta deshidratada. Pasas, dátiles, ciruelas, orejones… Y en las tiendas de productos a granel suelen tener también frutas tropicales (como papaya y mango). Hay que consumirlas con moderación porque, aunque sea azúcar propio y no añadido, van bastante cargaditas, pero el proceso de deshidratación hace que mantengan todas las características nutricionales de las frutas frescas. Podemos comerlas sin más o, si no nos entusiasman, usarlas como ingredientes para otras cosas. ¿Alguien ha dicho trufas?

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Tortitas de moras (sin gluten, veganas y sin azúcar añadido)

Esta vez sí. Las últimas tortitas que hicimos eran fáciles y rápidas, pero éstas, además, son jugosas y gordechas, que es como me gustan a mí. Son sin gluten, claro, para que el monstruito pueda disfrutar de ellas (teníais que ver cómo las devora). Son sin lactosa y veganas, porque ya que estaba decidí utilizar bebida de soja (que podéis sustituir por leche de vaca o por cualquier otra bebida vegetal). Son muy fáciles de personalizar: sólo tenéis que cambiar las moras por cualquier otro fruto del bosque (fresas, arándanos, frambuesas, grosellas…). ¡En general, son estupendas!

Son, además, una receta sin azúcar añadido, porque seguimos con el reto #70DíasSinAzúcar. Sé que a mucha gente le cuesta imaginarse un desayuno en el que no haya bollería, galletas o cereales azucarados, así que les voy a dedicar esta receta a ellos. ¿Tortitas saludables? Yes we can!

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