Tarta de queso, chocolate y café

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Si seguís este blog habitualmente ya sabréis que mi madre está de cumpleaños en enero y que le encantan las tartas de queso y las tartas de café y chocolate. Y como mi madre mola mucho, pues este año he decidido esmerarme y prepararle una tarta de queso con café y chocolate. También le gustan las tartas de zanahoria, pero no sé cómo voy a hacer el año que viene para combinarla con el queso, el café y el chocolate… En fin, tengo 364 días para tramar algo, ¡alguna idea se me ocurrirá!

Volviendo a la receta, las tartas de queso se dividen en dos grupos: las que te complican mucho la vida (con claras a punto de nieve y baños maría cuando vas a hornearlas) y las que son tremendamente fáciles y además puedes dejarlas hechas el día antes. Ésta es del segundo grupo.

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Bizcocho marmolado de café y cardamomo

bizcocho café y cardamomo

Los que me seguís en Twitter sabéis que cuando alguna web importante de fotos de comida publica alguna de las mías me hincho como un pavo, me pongo a dar palmas con las orejas y lo proclamo a los cuatro vientos llena de orgullo y satisfacción. Os aseguro que no es por soberbia desmedida: es que hago las fotos con tan poquitos medios que me hace muchísima ilusión cuando me salen bien. Cuando las blogueras más famosas enseñan cómo las hacen ellas, alucino: focos, estudios semiprofesionales, cámaras réflex del tamaño de mi cabeza…

¿Y yo? Os cuento la producción de la foto de hoy. Formación: autodidacta (es decir, ninguna más allá de mi sentido común). Escenario: mesita de Ikea y periódico viejo arrugado. Iluminación: ventana abierta. Equipo: cámara compacta de 70 euros y ordenador netbook de casi 10 años. Postproducción: programa gratuito de edición de imágenes. Banda sonora: bebé berreando. Y todo para intentar convenceros de lo riquísimo que está este bizcocho de café y cardamomo…

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Tarta de café y chocolate

tarta de café y chocolate

No sé si lo recordáis, pero el año pasado le hice a mi madre por su cumpleaños una tarta de zanahoria que estaba muy rica pero que sufrió algún percance en el traslado desde mi casa a la suya y llegó con la cobertura un poco accidentada. Para evitar sorpresas, este año me había puesto en plan profesional, con portatartas y todo… y resulta que para lucirme elegí una receta de tarta de sirope de arce y pacanas que resultó ser un fracaso de proporciones bíblicas. Ya cuando metí la masa en el horno supe que algo no iba bien, porque la mezcla era un engrudo en el que la mantequilla se negaba a ligarse con el azúcar, el azúcar estaba diseminado en grumos por todo el molde y los huevos iban a su rollo sin hablarse con el resto de los ingredientes. Acabé con dos pisos de bizcocho plano, gomoso e irregular (eso sí, de sabor no están mal, ¡pero es que teniendo sirope de arce y pacanas sólo faltaría!).

Imaginaos el panorama: media mañana y yo sin duchar, en pijama, con mis pelos de loca y sin tarta de cumpleaños ni plan b. Menos mal que entre mis libros de cocina está el del Clandestine Cake Club (si no lo tenéis, ya estáis tardando en comprarlo: sus tartas y bizcochos son geniales y a prueba de torpes) y que casualmente mi despensa estaba preparada para un apocalipsis zombie. Después de rebuscar un rato encontré una receta que podía hacer con lo que tenía por casa: adapté un par de ingredientes, crucé los dedos, horneé lo mejor que pude… y llegué a casa de mi madre con una fantástica tarta de café y chocolate de aspecto algo rústico (culpa mía, que me negué a recubrirla entera de buttercream porque aún sigo empachada de dulces navideños, aunque le puse un corazón de cacao en medio para disimular), pero de textura super esponjosa y sabor estupendo. ¡Si no llego a confesar el drama de mi tarta de arce y pacanas, creo que nadie hubiera sospechado nada!

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Tortitas de café

tortitas de café

Tenía yo el tema tortitas un poco abandonado, pero es que me frustra mucho que siempre me salgan mal las dos primeras: la primera, cruda, y la segunda, quemada… Hasta la tercera nunca le pillo el punto a la sartén. Esta vez me volvió a pasar, claro. Y me las comí igual, claro.

Éstas no sólo son muy ricas, además son bien fáciles de hacer: no hacen falta ni artilugios extraños ni batir las claras a punto de nieve, pero aun así salen muy esponjosas. Están buenísimas con nata y chocolate, y si sobran, se pueden congelar (se calientan divinamente en el microondas). ¡Una forma distinta de tomar café en el desayuno!

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